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Emilio J. González

Zapatero, los sindicatos y la moderación salarial

La sensatez de las centrales, sobre todo de Comisiones, permitió que un Gobierno en minoría como el primero de José María Aznar pudiera realizar una gran labor en el terreno económico. Sin esa alianza, probablemente hoy estaríamos hablando de otra España.

Emilio J. González
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Por si el Gobierno no tuviera, o no se hubiera creado, suficientes dificultades para afrontar la crisis, en su empeño por negar la evidencia y no tomar medidas en consonancia con la dura realidad económica en que nos estamos metiendo, ahora, probablemente, tiene que añadir una nueva, y bastante importante: los sindicatos. El pasado 1 de mayo, en las celebraciones propias de tal día, las principales centrales españolas lanzaron un mensaje claro al Gobierno y a los empresarios: no están dispuestos a hablar de moderación salarial. Dicho en otras palabras, de sacrificios por parte de los trabajadores para superar la crisis, nada de nada.

Hasta cierto punto, esta actitud es lógica. Si desde el Gobierno se niega la mayor, esto es, los problemas de crecimiento, inflación y empleo a los que se enfrenta y se tendrá que enfrentar España en los próximos meses, por su parte no hay razón para hablar de sacrificios. Si el Ejecutivo, lejos de apretarse el cinturón presupuestario, está dispuesto a gastar más y más, ellos no tienen por qué ser menos. Si la inflación se va a corregir por sí misma, según Solbes, no existe motivo alguno para que los trabajadores tengan que renunciar en la negociación colectiva a incrementos salariales que les compensen de la pérdida de poder adquisitivo derivada del encarecimiento tanto de los alimentos como del petróleo. Esta es su visión de las cosas que, por desgracia, encuentra justificación en las declaraciones y actitudes de Zapatero, Solbes y demás frente a la crisis. Por desgracia, si las centrales cumplen con lo dicho, las cosas van a ponerse todavía peor.

Los sindicatos, en especial Comisiones Obreras, jugaron un papel importante en el éxito de las políticas económicas del Partido Popular. Al aceptar la moderación salarial, las liberalizaciones de sectores productivos y los recortes en el gasto público, permitieron esa reducción de la inflación, el déficit presupuestario y los tipos de interés que dieron lugar a doce años de fuerte crecimiento económico y a la creación de más de cinco millones de puestos de trabajo. Al aceptar la reforma laboral de 1997, en especial CCOO, abrieron las puertas de par en par a que el desempleo dejara de ser un mal endémico de la sociedad española. Al pactar la reforma del sistema público de pensiones, sobre todo Comisiones, evitaron que la Seguridad Social estuviera en estos momentos en quiebra. Y todo ello, además, permitió que España entrara en el euro, con todos los beneficios que ello ha reportado a nuestro país desde entonces. La sensatez de las centrales, sobre todo de Comisiones, permitió que un Gobierno en minoría como el primero de José María Aznar pudiera realizar una gran labor en el terreno económico. Sin esa alianza, probablemente hoy estaríamos hablando de otra España.

Ahora, en cambio, los sindicatos parecen haber olvidado ese espíritu, cuando su colaboración vuele a ser del todo punto necesaria para resolver los graves problemas a los que tiene que enfrentarse la economía española. Si insisten en no admitir la moderación salarial, los problemas con la inflación no solo estarán servidos, sino que se agravarán todavía más en un país que no puede manejar la política monetaria para combatirla, porque ésta es competencia del Banco Central Europeo. Eso es una mala noticia para España y el Gobierno debería tenerlo en cuenta.

El Ejecutivo, igualmente, debería tener presente un segundo elemento. Cuando Carlos Solchaga fue ministro de Economía con Felipe González pidió sacrificio tras sacrificio a los sindicatos sin que su política acompañara a esos esfuerzos y, al final, como quien siembra vientos recoge tempestades, se encontró con la huelga general del 14-D. El Ejecutivo de Zapatero no debe olvidar esta lección. Si desde el mismo se pide moderación salarial, del todo punto necesaria para evitar males mayores, hay que desplegar una política económica acorde con la misma que, hoy por hoy, ni está ni se la espera; hay que empezar dando ejemplo, cosa que el Gobierno, por ahora, no está haciendo. Si con ello provoca que las centrales sindicales se nieguen a aceptar la moderación salarial, entonces las cosas van a ser mucho peor de lo que los analistas están previendo en estos momentos.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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