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Emilio J. González

ZP, el problema de Europa

En estas circunstancias, lo lógico es que, si no este fin de semana, este mismo lunes el presidente del Gobierno hubiera anunciado un verdadero plan de medidas de ajuste o un adelanto de las elecciones generales.

Emilio J. González
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Una vez aprobado este fin de semana el paquete de rescate a Irlanda, por un montante total de 85.000 millones de euros, cabría esperar que los mercados financieros se tranquilizaran en relación con la zona euro. Lejos de ello, este lunes hemos asistido a un nuevo desplome de las bolsas europeas y a un nuevo hundimiento de la moneda única respecto al dólar. ¿Por qué? Porque los mercados ya están mirando más allá de Irlanda y están poniendo la vista en la nación que, al final, es el verdadero problema y puede provocar que todo salte por los aires. Un país que, para desgracia nuestra, no es otro que España. ¿La prueba? Que el diferencial de tipos con Alemania ha crecido hasta casi 2,7 puntos porcentuales, con un tipo de interés del bono español que ya se sitúa por encima del 5,4% mientras que el germano sigue anclado en el entorno del 2,75% y el francés en el del 3,2%. De esta manera, nos vamos acercando poco a poco al nivel de tipos a partir del cual los mercados van a considerar que España no podrá afrontar su deuda y entonces, le guste al Gobierno o no, tendremos que suspender pagos y acudir a la ayuda internacional. Vamos, que estamos al borde del desastre mientras Zapatero sigue esperando a que se produzca un milagro que lo salve.

Y es Zapatero la verdadera causa de nuestros males en estos momentos. El pasado sábado, el presidente del Gobierno se reunió con 37 grandes empresas y entidades financieras, como consecuencia de la petición que realizaron al Rey las cien mayores empresas de nuestro país para que, como jefe del Estado, impulsará tanto una reforma de la ley electoral que nos libre de la infame casta política que nos ha tocado sufrir, como para que el Ejecutivo se ponga de una vez por todas a hacer lo que tiene que hacer para evitar la quiebra de España porque, todo sea dicho, puede evitarse. Con un presidente del Gobierno medianamente normal y sensato, de esa reunión habría salido el impulso definitivo a las medidas que hay que tomar en nuestro país y se hubiera anunciado, si no el mismo sábado, este lunes a más tardar. ZP, por desgracia, sigue negándose a tomar la menor decisión al respecto, tanto por razones ideológicas como por incapacidad psicológica para hacerlo. Los mercados han tomado buena nota de ello y, como es lógico, se preparan para lo peor, sobre todo después de que Alemania dejara claro que no va a poner dinero para salvar a España y de que si nuestra economía cae, habrá una quita de la deuda española. Así no vamos a salir de la crisis en años.

Además, la reunión del sábado vino precedida de un cruce de acusaciones entre el Gobierno español y el comisario europeo de Competencia, Joaquín Almunia, que antes estuvo al cargo de los asuntos económicos en el Ejecutivo comunitario. El pasado jueves, Almunia manifestó sus dudas sobre la capacidad de España, o sea, de ZP, de tomar las medias que tiene que tomar y sobre si nuestras estadísticas no tiene encima tantas toneladas de maquillaje que ocultan algo más que todavía no se conoce. Zapatero respondió que, según él, Bruselas ha respaldado públicamente las reformas en España y Almunia volvió a contestar que hay dudas sobre la determinación de España para hacer lo que hay que hacer y esas dudas no se han despejado. Lo cual, dicho por un comisario europeo, español y socialista –por una persona que estaba harta de ver cómo un día el Gobierno les presentaba un plan de ajuste y al día siguiente lo retiraba porque a la UGT no le gustaba y a estas alturas de la película sigue sin hacer nada–, es mucho decir. Y, como es lógico y para desgracia nuestra, los mercados han tomado buena nota de ello y están actuando en consecuencia. Aún así, el presidente sigue en sus trece y ni por esas se consigue ni que se deje de una vez por todas de mentiras y se ponga a hacer lo que tiene que hacer, ni que se vaya a su casa si no quiere hacerlo.

Porque ésa es otra, la de irse a su casa. El hundimiento de los socialistas catalanes en las elecciones del domingo ha sido un duro castigo a la política del tripartito, pero también a la de Zapatero y todo apunta a que el próximo mes de junio el PSOE puede volver a llevarse una buena somanta de palos electorales en las próximas autonómicas y municipales. Lo cual deja bien a las claras que ZP está políticamente muerto, que no tiene capacidad de liderazgo alguno y, ni mucho menos, la menor credibilidad. Por supuesto, aquí, hasta que los españoles no votemos, no hay nada definitivo, pero las tendencias están ahí y todo el mundo, mercados incluidos, saben cómo interpretarlas. En estas circunstancias, y teniendo en cuenta como están castigando los mercados a España, lo lógico es que, si no este fin de semana, este mismo lunes el presidente del Gobierno hubiera anunciado un verdadero plan de medidas de ajuste o un adelanto de las elecciones generales. Sin embargo, no ha hecho ni lo uno ni lo otro a la espera de que ocurra un milagro que le mantenga en el poder como sea, que es lo único que le importa, aunque sea a costa de terminar de hundir a España, o lo que queda de ella. No nos llamemos a engaño, España es el problema de Europa y como Zapatero es el problema de España, la conclusión es que ZP es el problema de Europa.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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