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Emilio J. González

ZP, la economía y la ley de Murphy

Trichet y su equipo, se diga lo que se diga desde la izquierda de este país, no van a actuar pensando sólo en Alemania. Simplemente, van a poner las cosas en el sitio en el que deben estar para evitar males mayores.

Emilio J. González
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A la izquierda española le encanta buscar culpables a lo largo y ancho del mundo a los que imputar la responsabilidad de los males que padece la economía de nuestro país, con tal de que los socialistas patrios puedan liberarse de la carga de sus errores. Según la interpretación que hace de las recientes declaraciones del presidente del Banco Central Europeo, Jean Claude Trichet, acerca de una próxima subida de los tipos de interés, que posiblemente va a cortar de raíz cualquier brote de recuperación que pudiera asomar por estos pagos, resulta que la culpa de todo la tiene, otra vez, Alemania, por crecer con fuerza y crear empleo a raudales, y del propio BCE que, según dicen, se olvida de su responsabilidad para quienes están sufriendo en estos momentos las consecuencias más duras de la crisis. Y, como siempre, trata de desviar el foco de atención de su responsabilidad aunque, como siempre también, yerra el tiro.

Lo primero que hay que decir es que si el BCE sube los tipos antes de lo previsto –en principio, nadie esperaba un encarecimiento del precio del dinero hasta el próximo otoño, como pronto– no es por culpa de Alemania, sino porque estamos en un contexto de fuerte subida de los precios de los alimentos y las demás materias primas, agravado por la escalada de la cotización del petróleo que se deriva de los acontecimientos políticos que están teniendo lugar en el norte de África y Oriente Medio. Este comportamiento de los precios constituye una amenaza inflacionista nada desdeñable que se vuelve más peligrosa en un contexto de elevada liquidez como consecuencia de las acciones que está llevando a cabo el BCE para ‘salvar’ a España, Irlanda, Grecia, Portugal e Italia. El problema, por tanto, consiste en que tenemos unos tipos de interés artificialmente bajos que, si no suben pronto, pueden alimentar un proceso inflacionista de serias consecuencias para toda la economía de la zona euro. Así es que Trichet y su equipo, se diga lo que se diga desde la izquierda de este país, no van a actuar pensando sólo en Alemania. Simplemente, van a poner las cosas en el sitio en el que deben estar para evitar males mayores con el crecimiento económico y el empleo en la eurozona.

Por supuesto, al Gobierno de Zapatero esta perspectiva le pone de los nervios. ZP estaba soñando con una recuperación inducida por el ‘tirón’ de la rejuvenecida y fortalecida locomotora alemana que le evitara tener que hacer lo que hay que hacer y hete aquí que, otra vez más, la realidad le coge fuera de juego. Porque, no les quepa la menor duda, si los tipos de interés empiezan a subir, la economía española va a pasarlo todavía peor de lo que ya lo está haciendo. Piensen en las familias que están endeudas hasta el cuello por culpa de una hipoteca que va a subir, y que esto, además, y a diferencia de 2006, cuando empezó la crisis en España, les va a coger a muchas de ellas con al menos uno de sus miembros en paro. Mucho me temo que lo que se avecina en este sentido es una nueva oleada de morosidad que golpee con dureza a nuestro ya de por sí maltrecho sistema financiero, mientras el consumo doméstico vuelve a hundirse, devolviéndonos de lleno a la recesión y a la destrucción de empleo. Las empresas tampoco se van a librar porque al incremento de costes derivado del encarecimiento del petróleo y las demás materias primas se sumará también el de los costes financieros, suponiendo que alguna de ellas pueda acceder a algún tipo de crédito. Y no digamos ya la que le puede caer a un sector público que sigue sin enterarse de que debe dejar de gastar a raudales porque ni las cosas van a volver a ser como eran antes, ni ya va a poder conseguir financiación con la facilidad y el bajo precio con que lo venía haciendo gracias al BCE.

Por supuesto, nada de esto pasaría si, desde el primer momento, se hubiera acometido la reforma laboral, el saneamiento del sistema financiero y el recorte drástico del gasto público, además de haberse permitido el ajuste de verdad del sector inmobiliario. La economía española estaría, entonces, más preparada para afrontar la que ahora se le viene encima. Pero entre que Zapatero no quiso tomar medidas impopulares y contrarias a su ideología y que se empeñó en que la salida de la crisis tendría que ser social o no sería, pues aquí estamos con cinco millones de parados y, probablemente, en puertas de una nueva recesión que va a empeorar todavía más la ya de por sí grave situación socioeconómica de nuestro país. Además, ahora las cosas van a ser más difíciles de arreglar. Por ejemplo, ¿qué administración pública va a recortar sus gastos en vísperas de unas elecciones autonómicas y municipales, primero, y otras generales, después, donde tantos políticos se pueden ir a la calle juntamente con sus familiares, amigos y correligionarios? Por ejemplo también, ¿van a aceptar los sindicatos los sacrificios de poder adquisitivo de los salarios que exige la crisis o se van a empeñar en adaptar los mismos a una inflación que en España es y será más alta que en el resto de la eurozona, condenando así a más empresas a la desaparición y a más trabajadores al paro? Lo de Zapatero es como lo de la ley de Murphy, que la tostada siempre cae del lado de la mantequilla o, dicho de otra manera más elegante, que toda situación susceptible de empeorar, empeora. Lo malo es que las consecuencias las pagamos los españoles.

El Sr. González es profesor de Economía de la Universidad Autónoma de Madrid. Comentarista político en el programa Es la Mañana de Federico, de esRadio. Miembro del panel de Opinión de Libertad Digital.

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