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La boda desde casa

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Las bodas han marcado la historia de la televisión. Desde Fabiola a Diana de Gales. El enlace del Príncipe Felipe con Letizia Ortiz no marcará un antes y un después por sus aportaciones a la realización, pero TVE, que ha puesto todos los medios necesarios para servir las imágenes a las televisiones de todo el mundo, cumplió con la obligación de llevar la señal con eficacia.
 
Javier Montemayor no se arriesga a hacer movimientos de cámara como Pilar Miró, aunque hay que reconocer que hubiera necesitado mucha imaginación para sacarle partido a la catedral de la Almudena y a un día de lluvia. El espíritu de austeridad y la consigna de no hacer excesos después de la tragedia del 11-M marcó una retransmisión que tuvo su parte de cotilleo con la llegada de los invitados, entre los que estaba Miguel Bosé, Arturo Pérez-Reverte o Mario Vargas Llosa. Los tocados de algunas señoras, la llegada en solitario de Carolina de Mónaco o la casualidad de que José María Aznar entrara junto a jeques árabes, fueron algunos de los detalles que darán que hablar en los programas que nos quedan por ver en todas las cadenas.
 
El carácter de ceremonia de Estado le ha dado solemnidad y le ha quitado carácter festivo. Por otra parte, hemos podido ver a una Letizia que parecía a punto de echarse a llorar en cuanto se acabaron todas las frases del enlace. El cansancio y la responsabilidad hicieron mella en ella, mientras el Príncipe llevó con mayor “profesionalidad” hasta la espera de 20 minutos a la novia y el olvido del texto en la entrega de las arras. La abuela radiofónica de la princesa hizo un alarde, quizá excesivo, de teatralización, y las damas recreaban un aire “goyesco” prescindible.
 
Tiempo habrá de desmenuzar los pormenores de la boda, que tuvo cierta frialdad hasta que salieron los recién casados al balcón del Palacio Real. Aunque no parece que estuviera preparado, la actitud humilde, el vestuario discreto de la ya princesa, de aire medieval, y su nerviosismo ha contrastado con la actitud, mucho más segura, en la presentación de su compromiso. No es extraño que eso ocurra después de unos días en los que ha podido ver de cerca lo que significa la responsabilidad de la monarquía. Por si acaso, Monseñor Rouco ya se ha encargado de recordárselo en la homilía.
 
El que tiene que estar más contento con esta ceremonia de promoción de Madrid es el alcalde, Alberto Ruíz Gallardón que se ha encontrado con un altavoz de cara al mundo que le ha chafado la pandereta al Fórum de Barcelona. La ciudad mediterránea ha protestado por los gastos derivados de la boda, pero no dicen nada de lo que nos cuesta pagar el Fórum, sobre todo si sigue perdiendo dinero a chorros. 

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