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La nieta de Franco

Lo que convendría destapar es si la angelical Anne Igartiburu nos engaña cuando dice que el dinero se entrega a las ONGs y luego pasa que dan 2.000 euros y a correr

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Carmen Martínez Bordiú está muy bien pagada por la televisión pública. Su participación en Mira quien baila la ha convertido en una gran atracción para los telespectadores y eso tiene un precio. El Partido Popular, junto a Izquierda Unida, se queja de que se dediquen tantos dineros a los realities en TVE, y especialmente en los que participan ella y José Campos, su reciente esposo, que próximamente empezará a sudar la camiseta recordando sus tiempos de deportista de la selección española de atletismo.

Es curioso que cuando concursó Gemma Ruiz en el mismo programa no dijeran nada al respecto, y la única razón que encuentro es que la ex de Álvarez Cascos diera su dinero a la ONG que escogió y la nieta de Franco que, por cierto, ha vuelto a aparecer en televisión de niña a propósito de un anuncio de la serie dedicada al franquismo del diario El Mundo , se quede los ocho millones semanales que le paga TVE a través de la productora y no los entregue en su totalidad a una entidad benéfica, como reza en las bases del concurso.

Que las cadenas públicas, estatales y autonómicas, gasten parte de su presupuesto en hacer programas de entretenimiento mediante pago de los participantes no es ninguna novedad, y precisamente Mira quién baila no es de las que menos audiencia tiene, ni la que más desvergonzada.

Lo que sí convendría destapar es si la angelical Anne Igartiburu nos engaña cuando dice que el dinero se entrega a las ONGs y luego pasa que dan 2.000 euros y a correr. En el mundo de los famosos y participantes en programas del corazón puede que esté ocurriendo eso. Es posible que, como dijo la inefable María Patiño en ¿Dónde estás corazón? todo ese club de maltratadas que pueblan los platós, se acaben convirtiendo en una asociación con ánimo de lucro y ningún espíritu de denuncia y solidaridad. Esperemos que, si esto es así, pueda demostrarse, porque da lo mismo que la gente vea sin parar el "tomate" y similares, pero que jueguen con la desgracia y el drama de 175.000 maltratadas en España –que se sepa– es una desvergüenza.

El otoño se ha animado en televisión con el mundo del colorín entre toros y presidiarios. Los programas del corazón están subiendo el tono día a día y, entretanto, Ana García Obregón se ha pegado un buen bofetón con su nueva serie Ellas y el sexo débil. En la primera semana ya la han cambiado de día y esta vez se enfrenta a la nieta de Franco. Veremos quién gana, pero es más probable que salga airosa Carmencita y Ana tenga dificultades para llegar a ser presidenta del Gobierno, como la "humilde" actriz propone en su serie.

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