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El año que comienza

Pocas cosas me harían más feliz que un vuelco en esa estadística, asociado, por ejemplo, a un incremento del consumo de tecnología asociado a la época navideña

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En esta época es bueno pensar en buenos propósitos para el año que comienza y, dada la temática habitual de esta columna, hacerlo en clave tecnológica. ¿Cuál sería mi hipotética carta a los Reyes Magos en cuanto a la tecnología y sus efectos en la sociedad?
 
En primer lugar, por supuesto, uno de los temas sobre los que más escribo: que termine la absurda persecución a aquellos que no hacemos más que utilizar la tecnología para acceder a contenidos, y que la estúpida y suicida actitud presente de la industria sea reemplazada por otro tipo de acciones y mentalidades más acordes con los tiempos que corren, tendentes a investigar cómo sobrevivir y dar valor a la creación de contenidos en un mundo en el que la construcción de barreras a la difusión de los mismos ya no resulta posible. Tristemente, la actitud en el año que comienza parece ser exactamente la contraria: el último disco de Coldplay, que recomiendo encarecidamente no comprar, trae tantas restricciones a su reproducción que nos lleva a pensar cómo alguien en su sano juicio puede decidir pagar por él en lugar de bajárselo de su plataforma P2P preferida. En Suecia, un grupo de ciudadanos, hartos de que la industria y el gobierno de turno les insulte y les trate como delincuentes, han fundado un partido político para conseguir representantes parlamentarios e intentar abolir las leyes de propiedad intelectual.
 
En segundo lugar, que el nuevo año traiga tecnologías ubicuas y con propuestas de valor para todos. Ya he escrito en otras ocasiones sobre la necesidad de que las corporaciones municipales se tomen el acceso a Internet como algo importante, una necesidad a la altura de la luz, el agua o el asfaltado de las calles, y con unos efectos potenciales sobre el índice de desarrollo de las ciudades francamente interesantes. Las últimas noticias informan de que la última ciudad en apuntarse a esto del acceso inalámbrico para todos a precios razonables va a ser París, que acaba de abrir el período para la presentación de ofertas a la iniciativa privada como antes hicieron múltiples ciudades norteamericanas como Seattle, Filadelfia o San Francisco.
 
Mi tercer punto resulta igualmente de gran actualidad, y se refiere a la libertad de expresión: acabamos de recibir la noticia de cómo el gobierno chino, en un ejercicio de persecución digno de un thriller cinematográfico, ha conseguido que Microsoft cerrase la página de un blogger y periodista chino, Zhao Jing (conocido como Michael Anti) en MSN Spaces, debido a su actitud contraria a las tesis del gobierno de Pekín. En España, un organismo, el Consell de l'Audiovisual de Catalunya, manifiesta actitudes similares de censura, y un ministro amenaza con extender dichas actitudes al resto del territorio mediante la creación de un organismo similar a nivel nacional. Es imprescindible que este tipo de actitudes desaparezcan de las democracias civilizadas, y espero que los Reyes Magos nos traigan las enormes dosis de sentido común que están faltando en las discusiones al respecto.
 
Finalmente, espero que el año que entra sea, por fin, el de la reducción en el tristemente amplio porcentaje de personas que, al ser preguntadas acerca de su actitud de desinterés total hacia Internet y las nuevas tecnologías, responden que simplemente no les interesa. Este 2006 que empieza debería ser el año en que Internet, el más impresionante vehículo de comunicación y difusión cultural y de contenidos creado por la mano del hombre llegase, con sus increíbles ventajas, a esa amplia mayoría silenciosa que ha decidido, por desinterés, desidia o falta de información, mantenerse al margen del progreso. El año en que una cantidad cada vez mayor de ciudadanos pase a integrar las muchísimas comunidades de opinión, lectura, participación e intereses de todo tipo que la red está alumbrando en ámbitos como la información general, la política, la educación o las aficiones. Pocas cosas me harían más feliz que un vuelco en esa estadística, asociado, por ejemplo, a un incremento del consumo de tecnología asociado a la época navideña. Si además se viese acompañado de una verdadera conciencia de la importancia de este tema en la clase política que sustituyese al actual clima de persecución, ya sería no digno de los Reyes Magos, sino del Mago Merlín. Pero en fin, mientras hay vida, hay esperanza.
 
Veremos lo que este año tiene a bien traernos. En cualquier caso, feliz 2006.

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