Menú

Fuenteovejunas digitales

A este lado del túnel, el poder de unos clientes dotados de sus propios medios de comunicación es infinito. Pretender controlar las cosas como se hacía en plena época feudal no es más que una receta para el desastre.

0

Quédese con esta secuencia de letras y números: 09 F9 11 02 9D 74 E3 5B D8 41 56 C5 63 56 88 C0. Se trata, ni más ni menos, que la secuencia hexadecimal capaz de desencriptar el último intento de la industria más cerrada e ignorante del mundo, la de los contenidos, de ganar dinero intentando ocultar información a sus clientes, intentando poner inútiles candados a la circulación de la información. Un hacker anónimo, Muslix64, fue capaz de desentrañar los secretos del código y los comentó en un foro llamado Doom9, junto con un programa, BackupHDDVD, perfectamente preparado para que cualquier usuario de Linux pudiese acceder al contenido de un HD DVD y utilizarlo más adelante como le viniese en gana, sin las limitaciones impuestas por quienes pretenden empeñarse en dictar lo que un cliente puede hacer o dejar de hacer con un producto que ha adquirido legalmente.

El estándar HD DVD, desarrollado conjuntamente por Toshiba y NEC, era el formato escogido por una parte de la industria para distribuir contenidos en alta definición, y hacerlo además de una manera que impidiese su copia y acceso fuera de los términos especificados. El otro contendiente en esta guerra de los formatos, el Blu-Ray de Sony, también parece haber sido puesto en compromiso por este mismo hacker, que ha inscrito su nombre en letras de oro junto con el gran DVD-Jon, Jon Lech Johansen, en la lucha contra el contrasentido y la estupidez de una industria de los contenidos enfrentada a los propios clientes que deberían dar sentido a su existencia.

Tras aparecer en el foro, el código de diez pares de letras y números fue reproducido en algunos sitios: apareció, por ejemplo, en un vídeo en YouTube donde se explicaba cómo llevar a cabo el proceso completo, o en la página web del curso que Cory Doctorow, uno de los autores de uno de los blogs más populares del mundo, Boing Boing, y destacado activista en el mundo digital, estaba impartiendo en la University of Southern California (USC). En paralelo, esos lugares empezaron a recibir amenazas del lobby de Hollywood, la Motion Picture Association of America (MPAA) invocando una nociva ley que fue en su momento escrita a su dictado, la Digital Copyright Millenium Act (DCMA), y demandando la desaparición inmediata de toda referencia a dicha clave.

A partir de ahí, lo que se desencadena es un auténtico Fuenteovejuna digital: como en la obra de Lope de Vega, en la que todo el pueblo se declaraba responsable de haber asesinado al déspota comendador, el código es publicado en Digg, el filtro social más accedido del mundo en el que muchos miles de usuarios votan las noticias que quieren ver en portada, y es promovido a la misma en un brevísimo espacio de tiempo. Tras recibir una idéntica nota amenazante, Digg decide igualmente eliminar dicha página, para ver como, de manera inmediata, la noticia vuelve a aparecer y retorna a la portada. En un movimiento de emergencia ante el miedo de ver a Digg denunciado y posiblemente cerrado, su CEO, Jay Adelson, publica una historia en la que explica las razones legales para dar esas páginas de baja, lo que desencadena una oleada todavía mayor de envíos a portada. Como en tantas otras ocasiones en Internet, la censura da lugar a algo completamente imparable. Llega un momento en que, en la portada de Digg, todas las noticias hacen referencia al prohibido código hexadecimal, momento en el que Kevin Rose, uno de sus fundadores, decide escribir una carta en la que viene a decir que si eso es lo que sus usuarios quieren, adelante: que Digg decide que, si debe morir, morirá de pie antes de vivir de rodillas.

En este momento, el código es, sin duda, lo más repetido a todo lo largo y ancho de la red, y la DCMA demuestra la soberana estupidez de intentar legislar aquello que no puede ni debe ser legislado: como en Fuenteovejuna, intentar sancionar o meter en la cárcel a todos los que hemos reproducido el código numérico se demuestra como la idea más tonta jamás pensada. El código aparece escrito en todas sus variaciones: en binario, como gráfico, en camisetas, en transformaciones matemáticas, en páginas personales de toda temática, incluso en una canción cantada sobre un fondo negro en YouTube. Es la revolución, la reacción colectiva de una Fuenteovejuna irritada por las pretensiones de una industria de imponer su criterio, de intentar patentar nada menos que un número y sancionar a los que lo repiten.

A este lado del túnel, el poder de unos clientes dotados de sus propios medios de comunicación es infinito. Pretender controlar las cosas como se hacía en plena época feudal no es más que una receta para el desastre. Los bits, como hemos dicho en tantas otras ocasiones, son libres, y no aceptan que nada se interponga en dicha libertad, llámese MPAA, RIAA, SGAE o como quiera llamarse, y tenga la fuerza que tenga como lobby político. Es el signo de los tiempos, algo que no se puede parar, y de lo que hasta los políticos se han dado cuenta ya. Y a los que no les guste, que vayan pensando en cómo enfrentarse con toda Fuenteovejuna.

En Tecnociencia

    Lo más popular

    0
    comentarios

    Servicios