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Las victorias de Pirro

Su táctica no es la de proteger la música, ni las películas. Es la de proteger su negocio sin innovar en los posibles métodos que podrían llevarles, de manera constructiva, a mantenerlo

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Pirro fue Rey de Epiro, actualmente entre las costas de Grecia y Albania, allá por el Siglo III a.C., y uno de los mejores generales de su época. Sin embargo, a pesar ser un gran rey, un magnífico general, y de las muchas batallas que ganó, que le llevaron a aumentar sus dominios de manera significativa a costa de sus vecinos de Macedonia y Tesalia, su nombre ha pasado a la historia asociado a la idea de la “victoria pírrica”: aquella que se obtiene a costa de tanto sacrificio que realmente no vale la pena.
 
La Motion Picture Association of America (MPAA) acaba de anunciar un acuerdo con un portal, BitTorrent.com, para que éste luche contra la difusión a través del mismo de contenidos sujetos a derechos de autor, refiriéndose lógicamente a aquello que entra dentro de su negociado, las películas. El presunto “acuerdo” es, en realidad, el resultado de una brutal presión ejercida contra una de las personalidades más innovadoras del mundo de la tecnología, Bram Cohen, creador del protocolo más eficiente conocido hasta el momento para la distribución de ficheros entre ordenadores en una red. La creación de Cohen, BitTorrent, conforma hoy en día una de las redes más populares para la descarga de ficheros, asociada al uso de clientes como Azureus, BitComet y otros que hacen mucho más sencillo su funcionamiento. La red está formada, en realidad, por multitud de usuarios que, gracias a la instalación de un sencillo programa, comparten con el mundo sus contenidos y permiten una circulación y popularización mucho más rápida y eficiente de los mismos. BitTorrent es, además, la bestia negra de la industria: una transacción de ficheros de ese tipo es prácticamente imposible de seguir o localizar.
 
Bram Cohen es una persona muy curiosa. Padece Síndrome de Asperger, una variedad moderada de autismo altamente funcional que le permite un nivel de concentración elevadísimo en una tarea, y le convierte en una persona con ciertas dificultades para la relación social. Vive gracias a las donaciones de los usuarios de BitTorrent y, recientemente, creó además un portal, BitTorrent.com, destinado a la generación de publicidad contextual asociada a las actividades de búsqueda y clasificación de contenidos en ese formato, para así financiar el desarrollo de ulteriores versiones de BitTorrent. Sin embargo, el uso del portal no es en absoluto necesario, dado que los ficheros .torrent son perfectamente localizables en multitud de páginas y a través de motores de búsqueda de todo tipo.
 
¿Qué pretende entonces la industria, acompañada de su legión de abogados, cuando anuncia grandilocuente un acuerdo con su bestia negra? Simplemente, crear ambiente, negar la evidencia, autoconvencerse e intentar convencer a otros de que realmente lo están haciendo bien. Dar lugar a una oleada de noticias en las que se encadenan los cierres de Grokster, Morpheus, WinMX y otras afines, con la presunta intensificación de las demandas hacia usuarios, y lo ecos de un posible acuerdo con los proveedores de acceso a Internet o los fabricantes de dispositivos que, según ellos, “haría de la piratería una cosa del pasado”. Pero, por supuesto, nada más lejos de la realidad. Podríamos, de hecho, plantearnos un razonamiento: ¿es más sencillo obtener un fichero de una red P2P ahora, o lo era hace unos años, cuando surgió el escándalo Napster? Donde antes había “caminos de cabras”, hoy tenemos autopistas. Donde había una red o dos ligadas a algunos sitios en la web, hoy hay infinidad de redes, con multitud de herramientas y clientes de diversas características. Los estudiantes de la carrera de Informática en multitud de facultades de todo el mundo, hacen un ejercicio en el que intentan conseguir el programa P2P más eficiente y programado en menos líneas de código posible, y los ejemplos llegan ya al minimalismo más absoluto. Si alguien quiere obtener un contenido hoy en día, la red es el lugar perfecto para ello. Y, además, la sensación de persecución y la criminalización constante de la que la industria hace gala lleva a que incluso aquellos usuarios para los que el factor precio no sería en teoría importante, quieran descargarse ficheros de dichas redes simplemente como reacción a una industria en permanente enfrentamiento con aquellos que, en teoría, son los que les dan de comer. Los torpes intentos de la industria por parar lo imparable, por no reconocer las cuestiones más obvias son, en realidad, acciones que mueven a la risibilidad y que no soportan ningún tipo de análisis serio, como el último intento de protección anti-copia, que unos analistas fueron capaces de saltarse en pocos segundos mediante un procedimiento tan ultrasofisticado como pegar un poco de cinta adhesiva en el canto del disco que se quiere copiar.
 
Su táctica no es la de proteger la música, ni las películas. Es la de proteger su negocio sin innovar en los posibles métodos que podrían llevarles, de manera constructiva, a mantenerlo. ¿Lo están haciendo bien? Son, simplemente, el hazmerreír de toda una generación de directivos de todos los sectores, el ejemplo de cómo enfrentarse mal a un problema. ¿Es una victoria para la industria cerrar un sitio P2P, cuando al día siguiente abren tres o cuatro más? Sí, pero entra dentro de la perfecta definición de victoria pírrica. Ya se cansarán.

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