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El túnel

¿Voto geek?

Hay quien dice que los geeks acabarán dominando el mundo. Que la soltura en el manejo de la tecnología es la versión actualizada de las ventajas evolutivas que la genética ponía en manos de las especies para su adaptación a cambios del entorno, mejorando la supervivencia o la eficiencia reproductiva de aquellos individuos más preparados.

Sin entrar en si "ellas o ellos los prefieren geeks", resulta indudable que la tecnología, a día de hoy, permite indudablemente obtener ventajas competitivas de muchos tipos, que en algunos casos serían vistos casi como "superpoderes" por personas, por ejemplo, procedentes de otras épocas o entornos socioculturales. Capacidades relacionadas con la eficiencia en procesos como la comunicación, el cálculo, la automatización de tareas repetitivas, el acceso a la información, etc. se conforman en la sociedad actual como ventajas que pueden ser aprovechadas para fines diversos que van desde el entretenimiento a la proyección profesional, dando forma a un variado colectivo de número incierto pero indudablemente creciente.

¿Qué grado de entidad tiene el colectivo geek? Algunas empresas, como los fabricantes de tecnologías de consumo, creen que se trata de un grupo perfectamente identificable y al que se pueden dirigir con relativa facilidad: basta tener algunos datos de los sitios por los que suelen pulular en la red, el lugar en el que tienden a pasar una significativa parte de su tiempo. El marketing tradicional, en cambio, si bien no pierde completamente su eficiencia, se muestra algo más elusivo: muchos geeks desarrollan habilidades o hábitos como el time-shifting o el place-shifting, que les permiten disfrutar de muchos de los contenidos que sirven como soporte a la publicidad convencional de manera independiente del tiempo o el lugar, algo que aprovechan para concentrarse en dicho contenido y "esquivar" así el mensaje publicitario.

No está claro, en cambio, el grado de homogeneidad del colectivo en muchos otros sentidos: si bien tienden a tener hábitos y aficiones relativamente comunes –casi señas de identidad–, otros factores como la extracción social o las preferencias políticas no resultan tan obvias. Si bien el geek tendería de manera intuitiva a pertenecer a clases medias o medias-altas, en las que se ubican personas que pueden destinar una parte significativa de su presupuesto a la adquisición de tecnología, no se trata de una correspondencia aplastante o exenta de excepciones. Desde el punto de vista de nivel educativo, una variable tradicionalmente correlacionada con la anterior, sí tienden a predominar las partes altas de la distribución. Ideológicamente, en cambio, existe un abanico de notable amplitud, sin que se pueda hablar de un predominio claro o marcado en uno u otro sentido.

¿Cuál es la relevancia de la pregunta del título del artículo? Mi curiosidad viene al comprobar como, de un tiempo a esta parte, algunos políticos empiezan a intentar, de manera más o menos clara, sintonizar con ese colectivo de personas marcadas por una afición o vocación hacia la tecnología mediante propuestas de diversos tipos. En Madrid, por ejemplo, Miguel Sebastián se descuelga con la propuesta de una red inalámbrica impulsada desde la municipalidad en plan "movida promovida por el Ayuntamiento", que dirían los viejos rockeros de la movida madrileña de finales de los 80. En Noruega, el Partido Liberal defiende la legalización clara e inequívoca de las actividades de file-sharing o compartición/descarga de archivos, algo que corresponde decididamente al ámbito de lo lógico desde una perspectiva de sentido común de cualquier persona con marcada afinidad por la tecnología, y que contrasta claramente con la actitud de un Gobierno español empeñado en defender los intereses de determinados colectivos relacionados con la farándula en lugar de defender los de sus legítimos votantes y ciudadanos.

Vivimos la época de la llamada long tail, en la que la importancia de los mercados y los colectivos ya no viene derivada única y simplemente de su tamaño, sino de otros muchos factores. Donde antes resultaba un sinsentido económico o político invertir recursos para llegar a determinadas minorías, ahora, en una situación de multiplicidad de canales y de intercambio de las estrategias denominadas de push y pull, esto ya no resulta tan absurdo. Existen, de hecho, empresas que llegan a obtener una mayoría de sus ingresos precisamente mediante ese tipo de estrategias: dirigirse a satisfacer micromercados con productos que resulta difícil o imposible obtener en otros sitios.

En la política actual, la importancia de las minorías ha sido puesta ya de manifiesto en múltiples procesos electorales en diversos países, y ya no simplemente desde una óptica del "todo suma", sino de maneras más sofisticadas. Unamos a esto una lógica, marcada y progresiva "crisis de las ideologías" en favor de factores más relacionados con la capacidad de gestión o la eficiencia económica, y tenemos un cóctel de ingredientes claros: los geeks conforman un colectivo que, a pesar de su falta de homogeneidad en algunos aspectos, resultan fáciles de localizar, y poseen además capacidad de comunicación, de generar y esparcir mensajes viralmente, de dar lugar a foros de discusión...

Tradicionalmente, no ha sido la política un ámbito especialmente ligado al mundo geek. Pero, ¿está el entorno de la política cada vez más interesado en ellos? ¿Suponen los geeks un colectivo de una entidad adecuada como para que sean sujeto de estrategias de aproximación por parte de la clase política? ¿Podríamos acabar hablando en un futuro de un "voto geek", del mismo modo que en otros países se habla del voto negro o el voto hispano? ¿O llegar a ser importante por otros factores, como lo son los "artistas" por su presunta capacidad de ser líderes de opinión? Mayores sorpresas hemos visto ya a este lado del túnel...

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