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Enrique Navarro

¿Dónde está la guerra de Ucrania tres meses después?

Estos son los dos objetivos tácticos que Rusia se plantea alcanzar este año: dejar a Ucrania asfixiada sin salida marítima y controlar el Dombás.

Estos son los dos objetivos tácticos que Rusia se plantea alcanzar este año: dejar a Ucrania asfixiada sin salida marítima y controlar el Dombás.
Lanzamiento de un misil balístico Sarmat intercontinental el 20 de abril de 2022. | Europa Press/Ministerio Defensa Rusia

El 24 de febrero pasado nos despertamos con una invasión a gran escala de Ucrania cuyo vector fundamental era la toma de Kiev desde el norte; en apenas dos semanas las tropas rusas se aprestaban para tomar la capital, mientras que apenas se producían movimientos significativos en los otros frentes. En ese momento, la estrategia rusa resultaba muy evidente, tomar Kiev y provocar la caída del régimen. Nada importaba la liberación de los territorios sojuzgados por Kiev en el este, sino la desaparición del estado Ucraniano, tal como declaró Vladimir Putin la noche anterior a la invasión.

Pero Ucrania defendió con gran sufrimiento e inteligencia los accesos a la capital y evitó la pinza desde el noreste y el noroeste; en ese momento la toma de Kiev se convirtió en un objetivo imposible militarmente.

A medida que transcurrían las semanas, para Rusia la guerra se empantanaba mientras que la posición de Zelenski y los apoyos militares y políticos de la OTAN crecían. Los avances rusos desde el sur y el este eran muy modestos y con terribles bajas, debido a un hecho clave: Ucrania estaba preparada para una invasión por el este y el sur y Rusia atacó estos frentes con las peores unidades. Dos meses después, las operaciones sufrieron un cambio transcendental con el abandono de la toma de Kiev y la reubicación de las fuerzas rusas en el Dombás, controlado por los rebeldes desde 2015, con el fin de iniciar un ataque a gran escala que permitiera la toma de Mariúpol y el avance hacia el río Dnieper, clave para la supervivencia de Crimea.

En este período se han producido por parte de Ucrania hechos militares muy significativos. La ayuda militar, con equipamiento, munición y entrenamiento comienza a fluir con regularidad y se está produciendo una equiparación en armamento terrestre. En las próximas semanas veremos cómo Ucrania se dota de artillería pesada, más misiles contra carros y antiaéreos, mientras que los drones continúan con una alta operatividad. Los ucranianos ya no necesitan acercarse a dos kilómetros de los rusos para causarles daño, ahora disponen de artillería moderna con un alcance superior a los cincuenta kilómetros, con suficiente cobertura antiaérea y con radares contra-baterías de diseño propio como el 1L221E y los suministrados por aliados que localizan la artillería enemiga con gran precisión. Ucrania ha conseguido reunir en estos tres meses un pie de fuerza de un millón de efectivos, que no requieren de volver a lejanos lugares de retaguardia para descansar y volver al frente.

Rusia, por su parte, ha sufrido unas pérdidas inmensas; tanto en material, como en vidas humanas, casi podría decirse que en un ratio de 3 a 1, pero todavía insuficiente para alterar de forma rápida el curso de la guerra.

Tercera fase de la guerra

Ahora entramos en una fase de redefinición de objetivos y de preparación para la tercera fase de la guerra. En relación con los futuros objetivos se han producido y en están en curso tres hechos muy significativos de lo que acontecerá en las próximas semanas.

El abandono de la toma de Kharkiv, la segunda ciudad de Ucrania, a apenas unos cuarenta kilómetros de la frontera con Rusia, así como la destrucción de los puentes que cruzaban el Donets por parte de Rusia, después de un fracasado intento de cruzar el río con pontones móviles que ocasionó casi mil bajas al ejército ruso, indican el cese de la ofensiva. Destruir los puentes es propio de los que intentan defenderse pero no atacar, por lo que debemos entender que Rusia se está atrincherando en las regiones secesionistas. Los movimientos recientes indican claramente la voluntad de concentrar el grueso de las fuerzas en liberar las dos regiones más pro-rusas, lo que denominamos el Dombás.

Esta operación debería estar concluida en unas semanas, lo que significaría la llegada del segundo paso, el avance hacia Odessa. A pesar de las pérdidas navales, la armada rusa tiene un control absoluto de la costa ucraniana y la concentración de tropas en Jerson indican un próximo avance hacia Odessa, concluida la toma del Dombás. No parece probable una pinza desde Moldavia, ya que son muy escasas las tropas allí estacionadas y serían fácilmente derrotadas por Ucrania en cuanto cruzaran la frontera, así que veremos una acción similar a la que hemos visto en Mariúpol pero en una ciudad con el doble de población, casi un millón. Solo les restaña los rusos 160 kilómetros para llegar a Moldavia y cerrar la salida al mar de Ucrania.

Estos son los dos objetivos tácticos que Rusia se plantea alcanzar este año: dejar a Ucrania asfixiada sin salida marítima amenazando Moldavia y controlar el Dombás, una vez afianzada la posición en Zaporiyia, donde se concentran ahora fuerzas ucranianas para una contraofensiva, y privando así a Ucrania de su central nuclear, clave para el suministro energético del país.

Entonces comenzarán a verse los efectos más dramáticos de esta guerra. Las existencias de trigo y maíz en Occidente acabarán en 12 semanas, y eso supone una crisis alimentaria sin precedentes y sin alternativas claras a corto y medio plazo. La ganadería y la cadena alimentaria mundial sufrirán un colapso que afectará sobre todo a los más pobres y en especial en Ucrania. La logística de distribución de alimentos en el país cada vez está más debilitada y en unos meses más de desabastecimiento una nueva hambruna podría llevarse la vida de cientos de miles de ucranianos, si Occidente no actúa con rapidez y eficacia.

Ucrania en estas condiciones se habrá convertido en un estado subsidiado por Occidente, sin capacidad de producción y con una crisis económica que con el paso del tiempo se convertirá en una losa sobre el porvenir de la nación ucraniana.

Conseguidos estos objetivos, Rusia se moverá hacia el norte; toda su estrategia se iría a pique si no se produjera una reacción contra Finlandia o Suecia con su ingreso en la OTAN. Las élites dominantes en Rusia no entenderían que no se actuara cuando tanto énfasis se ha puesto en la amenaza a la seguridad que supone para Rusia la extensión de la OTAN hacia el Oriente. La enfermedad de Putin no parece que pudiera cambiar mucho el ambiente político ya que las declaraciones tanto de su íntimo colaborador y ex jefe del FSB Patrúshev, como de Medvédev, Shoigú, Bortnikov, Matviyenko, Volodin y de Lavrov, muestran una voluntad estratégica de contrarrestar la supuesta "agresión" occidental con una intervención militar contra países de la OTAN y con el uso de armamento nuclear si fuera necesario, según su propio y enigmático entendimiento de lo que es una amenaza. El régimen ruso actúa con la misma solidez de los tiempos del Politburó, sin que se vislumbren alternativas más inclinadas al apaciguamiento en el círculo de poder de Moscú.

Sin embargo, esta estrategia tiene amplios riesgos para el poco preparado y peor dirigido ejército ruso. Las pérdidas pueden ser enormes y difícilmente disimulables para una "operación especial", mantener un frente a lo largo de la costa hasta Moldavia presenta una gran fragilidad, una incursión ucraniana a la altura de Odessa o de Jerson dejaría a los rusos aislados en dos o tres bolsas y en una situación de muy escasa defensa, que dependería del apoyo del fuego naval que quedaría a su vez muy expuesto.

Ucrania está reorganizando sus operaciones aprovechando las llegadas de material y ya se encuentra en condiciones de operar en frentes amplios y en operaciones combinadas, con la artillería de 155 mm, más el armamento más sofisticado y con una capacidad de mando, control y comunicaciones muy reforzada, ha pasado de ser un ejército de guerrillas a un orden de batalla mucho más sólido. Este reforzamiento ucraniano es lo que aconsejaría a Rusia fortalecerse en el Dombás y evitar salir a campo abierto teniendo que cruzar una larga meseta jalonada de grandes ríos que son los grandes obstáculos operacionales cuanto se tiene al enemigo al otro lado.

Si recapitulamos, Rusia ha tomado, descontando la parte ocupada por los rebeldes unos 40.000 kilómetros cuadrados, con una penetración máxima en territorio ucraniano en Zaporiyia de 285 kilómetros, donde ahora está sufriendo la contraofensiva ucraniana con unas líneas de retaguardia muy lejanas. El 10 de mayo de 1940 Alemania inició la invasión en el frente Occidental; el 14 de junio se ocupaba París. Alemania en seis semanas ocupó media Francia, Holanda y Bélgica, diez veces el territorio ocupado por Rusia en Ucrania en tres meses.

Sus pérdidas humanas son de 3 a 1, y en material de 5 a 1 frente a Ucrania. El abandono de tomar las dos grandes ciudades ante su incapacidad para ocuparlas, el hundimiento del Moskva, así como las innumerables bajas por combates o por una deficiente logística, han mostrado las grandes debilidades del ejército ruso. No obstante, la situación ucraniana es infinitamente peor, con un país devastado, con una crisis alimentaria que se agravará en las próximas semanas y una dependencia total de los suministros occidentales para sobrevivir militar y biológicamente.

Si Ucrania pierde la costa, ya no existirá ninguna capacidad de una paz negociada ya que supondría la derrota ucraniana al privarse de su principal fuente de recursos. La única posibilidad para la paz inmediata sería que Ucrania admitiera la derrota en el Dombás y en el mar de Azov a cambio de salvar Odessa. ¿Es posible? Seguramente sí, pero debería ser una solución que se firmara en las próximas cuatro semanas; una vez comience la ofensiva sobre Odessa todo quedará a lo que dictamine el campo de batalla.

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