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Eva Miquel Subías

Gauche Divine de pacotilla

El político nuevo rico pretende gastar con dinero público lo que no ha podido gastar ni gastaría jamás, si lo hubiera conseguido gracias a su trayectoria profesional en el ámbito privado.

Eva Miquel Subías
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El fenómeno del nuevo rico en España ha ido adquiriendo diferentes formas con el paso del tiempo. En los años 80, de manera simultánea a la proliferación de las hombreras anti lujuria, se multiplicaban nuestros queridos new rich gracias a la culturilla del pelotazo en el mundo financiero. Unos años más tarde lo hicieron gracias a la explosión de las puntocom y, más recientemente, al estallido del mundo inmobiliario y "ladrillero". Y por supuesto muchos de nuestros políticos no están al margen de las tendencias. El prototipo de político nuevo rico y nuevo todo parece que va avanzando posiciones.

Pero la diferencia fundamental estriba en que el señor o señora que asume un cargo institucional viniendo de no se sabe dónde o viniendo de dar tumbos de un lado para otro, según lo haya decidido el partido al que pertenece, olvida en muchas ocasiones que el presupuesto que maneja es público. Porque, al fin y al cabo, si algunos de nuestros nuevos ricos quieren tunearse el Cayenne, añadirle unos cuantos alerones y logotipos de purpurina en tonos malva, lo hacen con cargo al dinero de sus amplios y avispados bolsillos.

Vivimos ahora una vigorosa etapa en la que algunos de estos personajes instalan reposapiés de lujo en automóviles institucionales, otros que proceden a la mejora de despachos cuya rehabilitación cuesta más que la compra de una vivienda, alguno que decide poner al día su residencia ministerial que ya se encuentra en perfecto estado o incluso consejeros que deciden contratar a asesores con carácter retroactivo, convirtiéndose así en la auténtica primicia de la Conselleria d'Innovació, Universitats i Empresa. Al parecer, el Conseller Huguet ha decidido fichar a una especie de Rappel que, me temo, asesoraba mentalmente desde el pasado para predecir lo que ha sucedido: cobrar por la patilla más de ochenta y siete mil euros anuales con un retraso de casi un par de años. Eso es innovación y no la I+D+i.

Y todo ello lo llevan a cabo sin el más mínimo pudor, eso es lo que más me asombra. Puedo entender, por poner un ejemplo, la presión psicológica del President del Parlament, ya que suceder a tres señores de la talla de Xicoy, Raventós y Rigol no es tarea fácil, pero lo que no logro comprender y además me indigna profundamente es que con mis euros quiera jugar a la Playstation en el trayecto hacia el Parque de la Ciudadela.

El político nuevo rico pretende gastar con dinero público lo que no ha podido gastar ni gastaría jamás, si lo hubiera conseguido gracias a su trayectoria profesional en el ámbito privado. ¿Y saben lo que realmente creo? Pues que aunque estos personajes no se circunscriban a una determinada opción ideológica –los hay a ambos lados del río–, ya que ni tan sólo tienen alguna, en el fondo, muchos de los políticos de izquierda contemporáneos pretenden evocar a la "izquierda divina" pero de pa sucat amb oli, de andar por casa, vamos. Lo que ocurre es que el grado de palurdez es tal que no podrían siquiera llegar a soñar nunca con parecerse ni una pizca a ella.

Y yo, mientras escribo estas palabrillas, el mundo entero comenta y celebra las elecciones norteamericanas y francamente, me siento tan pequeña y tan doméstica que lo único que lamento es no poder estar ahora más allá del Atlántico, aunque lo hiciera acompañando a algún junior assistant virtual.

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