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Federico Jiménez Losantos

A la Izquierda le ha faltado el Comando Madrid

Los delincuentes cuentan con el amparo de los que, con la Ley en la mano, deberían impedir sus delitos. Y lo hacen porque forman sociedad política con los criminales.

Federico Jiménez Losantos

Mientras el traidor Sánchez entregaba Navarra a la ETA y al PNV, por este orden, las tres derechas llegaban a un acuerdo de gobierno para la Comunidad de Madrid. Les ha costado, pero lo han hecho. En cambio, a la Izquierda no le ha costado nada entregarse de pies y manos a su banda, que, como dije el domingo pasado corrigiendo parcialmente a Rivera, no es otra que la ETA. Pero los terroristas no son tan fáciles de corromper como este PSOE ahora euskonavarro, y han convertido la investidura de Chivite por la gracia del hacha y la serpiente en un alarde de poder presente y futuro, siempre junto al PNV, el aita racista, pero gracias a los gorrinos, que así llama la ETA en sus medios de propaganda a los empleados del PSOE.

El poder separatista sobre Sánchez

En el parlamento vasco, uno de sus cabecillas recordó que el pacto firmado por el PSOE, en términos que desconocemos, deberá cumplirse. Al tiempo, su cofrade en Pamplona subrayaba que el de Chivite es –y deberá recordarlo siempre– un "gobierno minoritario", así que cada leyezuela que no sea anexionista –esas las aprobará el PSN de rodillas– requerirá el placet de la banda. Andoni Ortúzar, el jetzale del PNV que bendijo en Pamplona a la continuadora de Uxue Barcos, señora de temible aspecto y que dicen que es peneuvista pero a mí siempre me ha parecido hermana de Otegi, aclaró que la "normalización" que ha llegado a Navarra debe extenderse a Madrid. Ya amenazó con no votar a Sánchez en la Investidura si no entregaba antes Navarra, y es tal su poder que ya la ha entregado y sigue sin ser investido. El terrorista Otegi remató, que es lo suyo, la burla a las víctimas de ETA, especialmente las del PSOE, diciendo que "ETA tiene 250 presos y habrá 250 homenajes". Así presumía del pasacalles para agasajar a uno de los torturadores de Ortega Lara, que Marlaska permite y Celáa justifica. No cabe concentrar en menos días tanta ignominia, tanta vileza, tanta cobardía.

El Mundo resumió este sábado perfectamente en su editorial la gravedad de la traición de Sánchez:

Si la decencia y la dignidad rigieran en la política española, el presidente del Gobierno en funciones no habría tardado ni medio segundo en abortar ayer la ignominiosa operación por la que la socialista Chivite fue investida presidenta de Navarra gracias a Bildu. (…) El líder de la izquierda abertzale, envalentonado al modo de las alimañas, impuso las condiciones con las que el PSN debe tragar para poder estar al frente de la Comunidad Foral, exultante por tener la llave para todo, incluida la aprobación de los Presupuestos. Y no se detuvo ahí. Aprovechando que los herederos de ETA también son claves para una posible investidura de Sánchez en septiembre, lanzó al PSOE su órdago -abstención en el Congreso a cambio de empezar a hablar ya de autodeterminación y de excarcelación de etarras- y desafió con chulería al Estado de derecho asegurando que "habrá 250 recibimientos más a presos.

Pero lo más grave es lo que El Mundo denunciaba a continuación:

(…) Lo peor es que a Otegi no le falta razón en esto último. Claro que seguirá habiendo recibimientos festivos a los asesinos que salgan de la cárcel. Y con absoluta impunidad y recochineo tanto a las víctimas como al conjunto de los españoles que han soportado durante más de cuatro décadas el zarpazo etarra. Será así porque España es un país donde los máximos responsables de cumplir y de hacer cumplir la ley se la saltan a su conveniencia. Los delegados del Gobierno en el País Vasco y Navarra, por no hablar de sus respectivos Ejecutivos autonómicos, hacen dejación de sus funciones y no aplican la Ley de Reconocimiento y Protección Integral a las Víctimas, que impone a las Administraciones Públicas la prohibición de "menciones conmemorativas o de exaltación o enaltecimiento del terrorismo".

Esta es la clave: los delincuentes cuentan con el amparo de los que, con la Ley en la mano, deberían impedir sus delitos. Y lo hacen porque forman sociedad política con los criminales. Y seguirán haciéndolo porque no hay un movimiento de opinión, a través de los medios de comunicación, que frene la propensión, casi tradición, del PSOE a traicionar a España. Si los periódicos, las televisiones y las radios tuvieran ese discurso político, Pedro Sánchez daría marcha atrás. No lo hará porque cuenta con todas las televisiones, la mayor cadena de radio y el primero de los diarios de papel para legitimar cualquier fechoría, disparate o altísima traición. La que sea.

El País echa de menos a Soraya

Porque si el proyecto de Sánchez –y "su banda"– transita con cierta comodidad por el albañal de sus mentiras y traiciones es merced al apoyo de los medios que han convertido el sectarismo de Izquierda en uno de los oficios mejor pagados de España. Y a la cabeza de esos medios cuyo único fin es el de blanquear el proceso de destrucción del régimen constitucional de España, está El País, como cuando el GAL, el 11M y, por supuesto, el proceso separatista catalán, al que sirvió desde el sorayismo de prepago. Como La Sexta y demás cadenas entregadas a la extrema izquierda por ese ser que no era nada y lo ocupaba todo, a imagen y semejanza de su bolso.

El momento de mayor complicidad delictuosa del procés, belén de lo que estamos viendo y de lo que sin duda habríamos visto si Soraya llega a hacerse, bolso en mano, con la Presidencia del PP, fue la presentación de la versión separatista de El País, elpais.cat, que era como si Xavier Vidal Folch hubiera dejado de ser el eterno aspirante a director del periódico en Madrid y fuera feliz y definitivamente aspirado por la Generalidad en Barcelona. Para su gala, Cebrián llevó de teloneros a Pedro Sánchez y a Soraya, que miraba con arrobo a 'Janli' cuando el entonces mandamás de PRISA habló a la nación cataláunica en una especie de valenciano de Albacete o de jerga catalufa porteña, a lo Pisarello desencogido. De risa.

El procés iba al tran-tran, entre el PSOE a la espera y una Soraya que se licuaba públicamente bajo las manazas de Junqueras. Pero tras el Golpe y alertado por González y Rubalcaba, El País puso cerco a Sánchez por querer llegar a la Moncloa pactando con comunistas y separatistas. Hasta que llegó. Cuando, gracias a la moción de censura del PNV, la ETA y las cloacas judiciales garzoniles, o sea, prisaicas, llegó al Poder, adiós Cebrián, hola Sánchez, y el sol, la Sol, de Austerlitz volvió a salir por Antequera.

Sucede que en el alma de cualquier comisario, desde la Stasi hasta PRISA, hay siempre un factor cursi, sentimentalón, y, ante lo de Navarra, ha salido a relucir de la forma más curiosa. El editorial dedicado al asunto (que, según tradición de la casa, no habla del asunto, que es la llegada a la Presidencia de Chivite a hombros de Otegui) critica duramente no al PSN ni a Sánchez, sino a la que ha heredado el despacho de la añorada Soraya, la flamante portavoz parlamentaria del PP, Cayetana Álvarez de Toledo.

Los pellizquitos de la Madre Sol

Tal cual. El mismo día en que todos los medios defensores del orden constitucional criticaban a Sánchez, lo que a El País del Sol de Waterloo le preocupaba era el "Tono bronco", ay, qué mal, de los nuevos cargos del PP designados por Casado, preocupación que se reduce a una: Cayetana.

La elección como portavoz parlamentaria de Cayetana Álvarez de Toledo, que abandonó el PP de Mariano Rajoy por considerarlo débil ideológicamente y pusilánime en la defensa de la identidad nacional, no abona la tesis de quienes desde su partido le piden moderación y centralidad. Si hay legislatura porque llega a formarse un Gobierno, Casado tendrá a una portavoz implacable contra los nacionalismos y la izquierda en dura competición con su homóloga de Ciudadanos, Inés Arrimadas. Ambas han acusado ya a Pedro Sánchez de estar fuera del constitucionalismo. Con la elección ayer de María Chivite para la presidencia de Navarra gracias a la abstención de EH Bildu, que los socialistas aseguran no haber pactado, han caído sobre Sánchez descalificaciones de extrema gravedad. Álvarez de Toledo ha acusado al líder del PSOE de "anexionista", al suponer que él y los socialistas navarros se han pasado al lado de quienes defienden la integración de la comunidad foral al País Vasco, además de consumar "la abdicación definitiva del consenso, no solo constitucional, sino también moral español". El tono ha empezado siendo bronco, y el PP corre el riesgo de instalarse en la desmesura de la mano de su nueva portavoz.

O sea, que el día en que el PSOE rinde Navarra, ETA y el PNV lo celebran, las víctimas del terrorismo claman en el desierto y la economía se frena por la incertidumbre política, el gran problema editorial para El País es "el riesgo de instalarse en la desmesura" de la ocupante del despacho de Soraya. En realidad, lo que preocupa no es que ocupe el despacho, sino el discurso, porque era, literal y perrunamente, el de PRISA. Ayer, al servicio del prusés; hoy, de la entrega de Navarra al abertzalismo. No molesta la persona, que también, sino el discurso político. Y el hecho de que sean dos mujeres, pero no de cuota, las que lo sostengan en el Congreso de los Diputados, en vez de ser motivo de conteo sexista lo es de preocupada indignación. ¿No confían en Lastra y Montero para derrotarlas?

Y en Madrid, sin Bildu

Pero lo que tiene de los nervios a la progresía mediática es Madrid. Se puede pactar con la ETA, vía Bildu, "un partido legal" como reitera Calamity Celáa, pero no con Vox, que es legal y constitucional, pero que ocupa el lugar del PP en el pacto del Tinell o el de Cs frente al PSC: un fantasma para asustar a la Derecha y garantizar esa superioridad moral de la Izquierda que gestionan El País, La Sexta, la SER o La Vanguardia. La idea de que Madrid, como en tiempos de Aguirre, sea una Numancia frente al Imperio de lo Políticamente Aplastante les saca de quicio. Diríase que a Gabilondo y/o Errejón les sobraba Isa Serra y les faltaba Otegi. Exagerando, que la Izquierda echa en falta al Comando Madrid.

Ante la legalidad aplastante de los homenajes a los etarras no arrepentidos –ni Yoyes, ni Nanclares– palidecen las denuncias de corrupción que Podemos-Galapagar ha puesto contra Podemos-Ferraz. No más ridículas que las del dúo fiscal que pretende que García Castellón impute a Aguirre por reunirse con una empresa que contrataba con otra empresa, ligada a otra que tuvo una contrata de la Comunidad de Madrid. La Fiscalía Anticorrupción, le llaman. Ministerio de la Verdad, escribían.

Pero lo judicial disparatado es un atajo para lo político desesperado y, por si la moción contra Rajoy no fuera suficiente, la última portada de El País, este sábado, lo demuestra: "La corrupción del PP sacude el pacto con Cs y Vox para investir a Ayuso". Esto, con Soraya, pasaba, porque al PP le sacudían a diario y por lo mismo, pero a Soraya no le pasó nunca.

Y hubo una época, cuando Iglesias iba por las herriko tarbernas elogiando a la "izquierda abertzale", o sea, a Otegi, en la que existió un Comando Madrid de la ETA que mataba 'gente'. Hoy son socios de Sánchez.

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