Menú
Federico Jiménez Losantos

"Aixó és una dona... ció"

Federico Jiménez Losantos
0
Según se van haciendo públicos los datos del Tribunal de Cuentas sobre la financiación de los partidos políticos en 1998, podemos comprobar hasta qué punto estas organizaciones, esenciales para la organización de la vida pública, se han dado a sí mismas una estructura abierta a todas las posibilidades delictivas, al tiempo que se cierran todos los caminos de transparencia que dificultan la frecuentación del Código Penal. Las donaciones anónimas, terreno en el que descuella el partido de Jordi Pujol, casi doscientos cincuenta millones, pueden esconder cualquier cosa, desde pagos de casinos y entidades de juego fraudulentamente favorecidos por la Administración hasta el blanqueo de dinero procedente de todo tipo de actividades ilícitas. En el caso de CDC, lo de Casinos no es mera hipótesis sino sospecha comprobada. Y del conjunto puede decirse también que "aixó és una dona... ció". ¿A cambio de qué?

No es posible aceptar el anonimato porque de esa forma es imposible seguir el rastro del donante y su posible implicación en fraudes, como mínimo, administrativos. Y menos aceptable aún es que partidos como el PP hayan recibido mil millones de los ayuntamientos y diputaciones no sabemos a cambio de qué. Pero que no lo sepamos porque no nos lo cuentan, ni a nosotros ni al Tribunal de Cuentas, no significa que no sospechemos de la cueva de Alí-Babá del tesoro municipal, que no es otra que la especulación del suelo. Tras la lamentable sentencia del TC en contra del poder del Gobierno Central y el Parlamento para abrir ese mercado, es indudable que se ha establecido una fuente segura y continua de ingresos municipales que, faltos de datos, podemos achacar en parte a los partidos y a los cargos electos de esos partidos.

Ni las donaciones anónimas (que no lo son para el partido agraciado) ni los pagos municipales, de las diputaciones o entes autonómicos (que en cantidades enormes son imposibles de justificar) pueden coexistir con la presunción de inocencia. El próximo debate en el Parlamento de todas estas irregularidades debería servir para poner punto final a este piélago de hipótesis y figuras claramente delictivas. ¿Alguien se acuerda de lo que decía Aznar sobre Filesa? Pues que se acuerde. También conviene recordar que el latrocinio generalizado del PSOE comenzó tras la segunda victoria electoral. Hay indicios de que la corrupción del PP puede haber comenzado ya. Porque pruebas de que no se persigue, abundan sobremanera. Dada la naturaleza humana del concejal, que es eso, humanísima, sólo un milagro puede evitar que en este PP de la mayoría absoluta se hayan creado ya un, dos tres, muchos galeotes. Y en materia de financiación partidista, los milagros no existen.

En Opinión