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Aznar apela a la mayoría silenciosa

El primer efecto de la aparición de Aznar en la cómoda entrevista de Antena3 será probablemente el comienzo de una recuperación de los apoyos del PP en la opinión pública. Con una humildad que en él resulta ya casi exótica y con una explicación muy razonable de su posición para el que le ha votado alguna vez, Aznar pidió confianza en su lealtad para con la nación y los votantes y también explicó que el aparente sacrificio de España apoyando a los USA y sus aliados en la guerra contra el terrorismo no es sino la contrapartida del apoyo que esperamos obtener del resto del mundo, empezando por los USA, en la lucha antiterrorista.

Que en ese aspecto hemos avanzado más desde el 11-S que en los treinta años anteriores es evidente. Que algunos –Polanko, sin ir más lejos– sugieran que si apoyamos como la gran mayoría de los países europeos la postura de Bush podemos enajenarnos la colaboración francesa en la lucha contra ETA demuestra que se agarran a un clavo ardiendo con tal de seguir manteniendo un antiamericanismo primario. Francia seguirá colaborando con nosotros, entre otras razones, porque además de sus negocios sucios con Irak tiene un terrorismo islámico larvado con base en Argelia y tránsito en España, porque la construcción de la UE no puede dar marcha atrás en el espacio judicial común y porque sólo faltaba que ahora Chirac jugara a proetarra después de jugar a pro-Sadam. Ni en Francia se admitiría.

Pero junto a la razonable explicación de Aznar en televisión, mañana se escenificará en la calle la desvergonzada política del PSOE en este asunto, calcada de aquel “No a la Guerra. OTAN, de entrada, no” en 1982, también del brazo de los comunistas. Si UCD no hubiera estado ya en desbandada, la derecha podría haber pasado factura a aquella repugnante operación de amedrentamiento de la población y de manipulación con medias verdades y mentiras completas. El PP tiene la semana que viene en las Cortes la posibilidad de diseñar una alternativa a la de la calle: la del parlamento y la de las urnas. Más manifestaciones había en los USA contra la guerra, pero la “mayoría silenciosa” votó a Nixon, por dos veces. Si el PP se pone de verdad a la tarea, y aunque llegue un mes tarde como en el “Prestige”, puede equilibrar la situación política. Y empatar a estas alturas un partido tan cuesta arriba, sería una victoria. Pero falta más de un año para las generales. Si para entonces ha habido guerra, ha terminado y han ganado los buenos, que son nuestros aliados desde que el PSOE nos metió en ella en 1991, veremos a quién le pasan factura en las urnas por su postura sobre Irak: al PP o al PSOE. Entre confiar en Aznar o hacerlo en Zapatero-y-González-y-Llamazares-y-Arzallus-y-Mas-y-Echanove-y-Joaquín Sabina, la cosa está bastante clara. Al menos para los diez millones que ya han confiado en Aznar más de una vez. Y todavía ninguna en Zapatero.