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Federico Jiménez Losantos

Aznar quiere liquidar la COPE

Federico Jiménez Losantos
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Al final, el Gobierno no se ha atrevido a arrostrar las iras de Pedro Jota y le ha dado a El Mundo- Recoletos una de las dos concesiones de televisión. La otra ha ido, como ya se sabía, a Nemesio Fernández -Cuesta o Prensa Española, editora de ABC. A cambio de la televisión prometida, el grupo Godó ha sido agraciado con una radio digital y se le ha prometido una tercera concesión de televisión para dentro de uno o dos años, que es cuando según dice el Gobierno el mercado habrá empezado a ser rentable. Ah, y también le han dado una radio digital al Grupo Correo, que era considerado "maldito" en la Moncloa desde su alineamiento con Polanco en la guerra digital y en cuantos conflictos han enfrentado al todopoderoso Señor de Prisa con el Señor de la Moncloa. Aznar ofreció a Alejandro Echevarría al empezar su primera legislatura un acuerdo de fondo que el empresario vasco rechazó, porque no creía en el futuro del Gobierno del PP. Ahora no es que crea, es que lo ve. Y el apoyo del Grupo Correo en el País Vasco bien vale una radio. Incluso dos.

En este cambio de última hora, ha debido pesar la campaña feroz del grupo Pearson contra Aznar, además del natural temor al director de "El Mundo". Pero la carambola ha dejado fuera de la radio digital al grupo para el que realmente se convocó esta nueva adjudicación de radios digitales: Radio Blanca, de Blas Herrero, asociada comercialmente a Onda Cero y que contaba con el padrinazgo de su paisano Álvarez Cascos.

Pero si en el mundo de la televisión las concesiones a "El Mundo " y ABC abren un futuro con la lógica incertidumbre comercial, pero más plural; en el de la radio puede decirse que Aznar ha dado jaque mate a la pluralidad mediante dos decisiones: la negación de la radio digital a Blas Herrero y la negación de la televisión a COPE. A uno le cierran las puertas de salida de Onda Cero. A la cadena de la radio episcopal se le quiere obligar a que renuncie a su independencia y se convierta en el anejo radiofónico de Prensa Española, antes o después de su fusión con Onda Cero.

No hay precedentes de peor trato, mezquindad y ensañamiento que los exhibidos por Aznar con la cadena de la Conferencia Episcopal. Ninguna se ha mantenido más fiel a los principios éticos y a los valores políticos de un sector social que vota masivamente a Aznar. Ningún medio ha sabido mantener como la COPE una fidelidad de fondo a ciertos valores éticos y ciudadanos, pero conservando la libertad de criterio de los profesionales y la autonomía empresarial. Por eso mismo ha decidido cargársela este Presidente que, según dice o le gusta que le digan, es hombre de principios, que aprecia sobre todo la honradez y la coherencia. Por sus hechos los conoceréis.

Ya no queda un solo periódico nacional importante que no esté incluído en un grupo multimedia, dependiente de una u otra forma de las concesiones, cambios técnicos y arbitrios fiscales del Gobierno de turno. Y si le sale bien el estrangulamiento de la COPE, tampoco quedará ninguna cadena de radio que no esté igualmente en manos de un multimedia y cuyos profesionales no estén sujetos a esa disciplina de grupo que tiene su modelo en la cadena SER. Modelo también ideológico, porque dentro del polanquismo la disciplina es la única ideología que permite sobrevivir.

En resumen: con Felipe González la libertad de expresión estaba en peligro y el antenicidio es el mejor ejemplo de sus desmanes. Con Aznar ese peligro está desapareciendo. Pero porque a cambio de una mayor pluralidad está desapareciendo la propia libertad.

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