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Federico Jiménez Losantos

Aznar también arría la bandera de España

Federico Jiménez Losantos
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Parecía imposible, pero lo ha hecho. También en el homenaje a la bandera, promovido por el propio presidente del Gobierno, Aznar ha ordenado ahora dar marcha atrás. Pero si en la economía se renuncia al liberalismo y en la política se camufla, esconde o desmerece la idea nacional, ¿qué queda del programa del PP? Pues muy poquita cosa. Seis años de desgaste y un oportunismo muy semejante al del PSOE.

Naturalmente, desde el Gobierno y desde la derecha vergonzante o centrista, tan abundosa y profusa en los medios de comunicación de obediencia aznarista, se dirá ahora que el homenaje mensual a la bandera inaugurado por el ministro de Defensa, Federico Trillo, y el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, no tiene importancia. Pues si no la tiene, ¿por qué no lo conservan? Podría no haber empezado. Pero una vez empezado, suspenderla es rendirse, también en eso, a los dicterios y sinrazones de la oposición, que respondiendo a su atavismo antiespañol protestó ante el homenaje diciendo que “hería muchas sensibilidades”.

Homenajear a las Brigadas Internacionales, no. Condenar al franquismo, tampoco. Dedicarle parques a La Pasionaria, menos. Borrar los nombres españoles de las ciudades que lo tienen desde hace siglos, empezando por La Coruña, no hiere ninguna sensibilidad... excepto la de los españoles. ¿Es que en España cabe cualquier bandera menos la de España? ¿es que ese complejo maldito, esa humillación permanente no va a cambiar jamás? Pues, de momento, no.

Una maldición de la historia de España es que las izquierdas se alíen con los separatistas para hundir cualquier sistema si no disfrutan del poder. Pero tradicionalmente, la derecha española no se avergonzaba de su condición nacional. Es más, Aznar recuperó políticamente a una derecha desmoralizada bajo el felipismo utilizando la idea nacional como imán espiritual y aglutinante político. Y además, como bandera simbólica y política. Lo representaron Vidal Quadras en Cataluña y Mayor Oreja en el País Vasco. Sigue siendo hoy uno de los signos distintivos, el fundamental, entre el PSOE y el PP. Si Aznar se avergüenza de la bandera de España, como Caldera y Zapatero, ¿qué le queda al PP? ¿Presumir de ser tan amigo de Polanco como los socialistas? Por lo visto, es a lo único que se niega a renunciar.

Tampoco el amigo de Arzallus se lo agradecerá, pero seguramente los zahoríes encuestívoros dirán que refuerza la “imagen centrista” del PP. La imagen miserable de unos señores que ni con mayoría absoluta son capaces de defender no sus principios, que no los tienen, pero al menos los de sus votantes. Pues ni eso. Qué espectáculo. Qué bochorno. ¿Y cree Aznar que no lo pagará en las urnas?

Él, ya no, pero su partido, sí. Faltaría más.

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