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Federico Jiménez Losantos

Caído el Muro, queda el Estrecho

Federico Jiménez Losantos
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El excelente trabajo publicado este domingo por Hermann Tertsch en El País debería cambiar radicalmente la política de la izquierda española sobre la inmigración ilegal. Pocas veces se ha puesto de manifiesto de forma tan descarnada e incontestable que la inmigración vía Marruecos hace tiempo que dejó de ser la desbandada de los hambrientos de África, si alguna vez lo fue, para convertirse en el gran negocio de un Estado que hace de la falta de horizonte de su juventud la base de su actividad económica. Los jóvenes se endeudan y endeudan a su familia por muchos años a cambio de una litera mugrienta en un garage donde se hacinan hasta que la noche es propicia para que salga la patera, otro producto de la tecnología marroquí cuyo mercado no deja de expandirse. Por fin embarcan una noche a jugarse sus ambiciones a cara o cruz. Si sale cruz, se acabó su aventura. Pero si sale cara comenzará la lucha por el dinero que un día les permita volver como triunfadores al poblado montañés o al barrio periférico.

La mafia de la inmigración es inmensamente popular en la costa marroquí, superior en prestigio a la de Sicilia y en poder a la narcotraficante, no en balde produce más la inmigración ilegal que el hachís. Y el régimen del presunto reformador Mohammed VI mira hacia otro lado mientras el negocio del Estrecho financia su aparato estatal, una abigarrada mezcla de brutalidad represiva y corrupción administrativa.

Pero si Marruecos explota la ilusión desnortada de los mismos jóvenes a los que niega el futuro, la izquierda española explota la mala conciencia de quien llega a creer que ante la inmigración hay que elegir: o la generosidad ilimitada a costa de las leyes y de los contribuyentes o el crimen de lesa humanidad. Y al tiempo que se culpa de explotadores a quienes dan trabajo a los ilegales, se pide que se les dé trabajo. Y que sin contribuir a la Seguridad Social tengan los mismos derechos que los que contribuyen. No hablan de legalización sino de permisividad, de borrar la frontera entre legales e ilegales que es precisamente la base del negocio marroquí del tráfico voluntario de personas. Ya sólo falta que IU y el PSOE propongan hacer funcionarios a los ilegales.

Nuestra izquierda no sólo alimenta objetivamente a la mafia marroquí sino que está cebando el racismo español, el lepenismo que trata de crear a la derecha del PP, para felicidad del PSOE, que además de ganar las lecciones le permitirá sentirse superior a la derecha egoísta, como eternos benefactores de la Humanidad. Han perdido el Muro, pero han encontrado el Estrecho. Ante semejante chollo ideológico, es difícil que siquiera la lectura de "El País" les lleve a pensar un poco. Antes morir que pensar.

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