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Federico Jiménez Losantos

Chirac y Schroeder: dos cerditos con nostalgia de jabalíes

Federico Jiménez Losantos
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Menos mal que no estaba Aznar. De otra forma, la burla a los aliados fieles de los USA, a dos de los Tres de las Azores, se habría consumado con mayor estrépito. Lo que no se entiende es que Blair se haya prestado sin garantías ni cautela a esta nueva farsa a mayor gloria de Chirac, a este nuevo acto de culto al enfrentamiento con los USA, a esa forma de alta traición a los liberadores de Francia y Alemania que los sucesores de Adenauer y De Gaulle vienen escenificando desde la guerra de Irak. Por mal que vayan las encuestas, ni Blair ni nadie debería confiar en Chirac, porque desde que su fámulo Villepin convenció a Powell de que un mandato del Consejo de Seguridad de la ONU sería más conveniente para la intervención militar, ocultando arteramente que preparaba su veto, todo lo que ha hecho Francia —con la servil complicidad de Alemania— es oponerse a los USA para fingir que está a su altura. Es como si un mosquito jugara a enfrentarse de igual a igual con un gorila, pero el mosquito picara y picara y el gorila no lo aplastara de un manotazo: el mosquito seguiría presumiendo en la Asamblea de los Insectos, más o menos como Chirac en la ONU. Claro que los gorilas no celebran elecciones en la selva ni deben poner a votación la caza del mosquito. Y Bush, sí. Y Blair, también.

Sin embargo, son ya demasiadas emboscadas, añagazas y montajes publicitarios por parte de Francia y Alemania como para que los países algo más serios les permitan seguir perpetrándolas con tal impunidad. Cierto que pocos podían pensar en una cumbre de traca, en una foto para nada después de que Schroeder jugara a hacer creer a todos —tanto en la entrevista del Wall Street Journal como en su artículo del New York Times— que pensaba hacer las paces con los aliados y rehacer las históricas relaciones con los USA que él se complace en pisotear. Pero no es la primera, ni la segunda ni la decimotercera vez. Ya no puede sorprender a nadie la ilimitada ambición de estos dos politicastros a los que cuadra a la perfección la definición del clásico: "cerditos con nostalgia de jabalíes". Francia y Alemania se han convertido en dos "países gamberros" que se burlan una y otra vez de los demás miembros de la OTAN, que, como en materia de defensa sólo pueden fiarse de los USA, asisten silenciosos e indignados al estupor pasmado de Washington. Berlín y París han decidido jugar a que nunca pasa nada y, si pasa, se llama a los americanos, que siempre acuden. Hasta ahora, les sale gratis. De no verlo, no creerlo.



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