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Federico Jiménez Losantos

Cómo caerse del guindo en siete días

Federico Jiménez Losantos
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Los escudos humanos llegados de España a Irak, que serán muy humanos pero desde luego muy poco escudos, han hecho un descubrimiento excepcional: a Sadam Husein no le preocupa el sufrimiento de su pueblo. Qué tíos, qué talento, que perspicacia, qué forma de separar el grano de la paja, qué grandes cerebros occidentales están desperdiciándose en Mesopotamia. Lástima de premios Nobel en física nuclear y bioquímica. Pero aún pueden conseguir el de Gramática Parda, como Saramago. Tienen que terminar el curso acelerado de cómo caerse del guindo en siete días y, a partir de ahí, a traducirse al sueco. ¡Ahí está Blix!

Hay que comprender el hastío del régimen de Sadam con estos entrometidos vagabundos que, una vez hechas las fotos de rigor, no hacen más que estorbar en todas partes. Por lo visto, pretenden vivir a cuenta de la dictadura en sus hoteles, pero Sadam dice que ni hablar, que con un par de docenas, le sobran. Además, ¿cuántos no serán espías? Nosotros suponemos que ninguno, pero ¿cómo convencer al dictador iraquí de que unos tipos a los que él habría fusilado ya por alta traición y tratos desvergonzados con el enemigo no son agentes dobles? ¿Y si los pone como escudos humanos en un tanque de agua y, perfeccionados en la caída del guindo y tras haber descubierto que Sadam es un ser sin entrañas, deciden sabotear ellos mismos lo que deberían proteger? No cabe descartar que estos ciegos voluntarios recuperen la vista. ¿Cómo fiarse de ellos?

Lo ideal, para seguir su perfeccionamiento moral y político, sería que se quedaran allí hasta la caída de Sadam. A ser posible, luchando contra él. Pero como esto entraña ciertos riesgos, sugerimos que esperen al próximo convoy de Payasos sin Fronteras, que van a hacer reír al prójimo sin más pretensiones. Las de estos “escudos humanos” son un tanto excesivas. Por no decir francamente ridículas.

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