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Federico Jiménez Losantos

Con el PSOE nunca hay consenso

Federico Jiménez Losantos
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Estos del PP no son más tontos porque no entrenan. Ahora sale Aznar buscando el consenso del PSOE porque dicen que siempre ha existido tan bonita institución en política exterior. Además de tontos, amnésicos. ¿Pero ya se han olvidado de lo que sucedió con la OTAN? El parlamento español, por mayoría absoluta, con el concurso de UCD, AP y CiU, votó nuestra entrada en la Alianza Atlántica después del 23-F. Estaba en el programa ucedeo y, sobre todo, estaba en la lógica democrática de insertar a unas Fuerzas Armadas desnortadas y nerviosas en un esquema racional, democrático y occidental. ¿Y qué hizo el PSOE?

Para empezar, turismo. A Moscú que se fueron en pleno invierno González el de Berlín, Guerra el de la Familia, Solana el del Partido y Boyer, el de la Escuela de Verano del PSOE, luego héroe de Rumasa, después de Cartera Central y finalmente de la FAES. ¿Y qué hicieron? Firmar con el régimen de terror más atroz de la historia de la Humanidad un pacto para sacar a España de la OTAN si llegaban al Poder, a cambio de que entre la embajada soviética en Madrid y la endogamia chekista de Carrillo se cargaran al PCE. Y la jugada les salió, vaya si les salió. Además de ese pacto con el crimen, se lanzaron a la calle como ahora: “contra la guerra”, o sea, a por La Moncloa. Y después de aquella elefantiásica campaña “OTAN, de entrada, no”, los que votaban PCE se volcaron votándoles a ellos en el 82, porque pensaban, y no les faltaba razón, que al fin y al cabo todo quedaba en la izquierda. ¿Dónde estaba el consenso aquellos años? Ni siquiera por conjurar el 23-F, que fue una de las razones para votar el ingreso en la OTAN, se privaron del numerito antibelicista. Estos no entienden más consenso que el que les conviene, o sea, el de la rendición.

Pero faltaba rematar la estafa. Después del numerito para sacar a España de donde la había puesto el Parlamento, recurrieron a la demagogia del plebiscito para sacarla... y dejarla dentro. Entonces montaron algo más que el numerito, el numerazo del referéndum para todo lo contrario de lo que habían prometido. Para salir de la “estructura militar”, decían, y entrar en la política, “para evitar la guerra”. Toma castaña. A los que no secundaron la estafa, los masacraron. A Fraga le pidieron apoyo y consenso “de Estado”. Dijo que, por responsabilidad, no hicieran el referéndum. Pero a la hora de la verdad, promovió la abstención, con lo que el referéndum se libró dentro de la izquierda y los platos rotos electorales los pagó la derecha: segunda mayoría absoluta y felipismo eterno, modelo PRI. Con la perspectiva de hoy, tenía razón Pujol: votar “no” sin decirlo, para echarlos del Poder. Y luego, ya veríamos. Como la derecha es más pusilánime, con la abstención se quedaron, o sea, nos quedamos. Y a cambio de las televisiones futuras, todos los medios de comunicación, desde Polanco al Grupo 16, respaldaron al PSOE en aquel lavado de cerebro. El resultado llega hasta hoy.

Porque hoy la derecha, como en el 86, sigue a merced de la izquierda en materia de opinión. Como sólo creen en el Poder, cuando llega la hora de los principios se dan cuenta de que ni tienen ellos ni tienen a su alrededor quien los recuerde. ¿Por qué no hace RTVE campaña permanente para desactivar el antiamericanismo nacional? Porque ni saben, ni quieren, ni pueden. ¿Y los medios de Telefónica? Lo mismo. Tan centrista se ha vuelto Aznar que ahora depende de Zapatero, que es el que da o quita la patente consensual. Pero ya que la mayoría absoluta no le da para hacer la reforma laboral y sí para hacerle un favorcito a Bush, que le pida él otro favorcito a Polanco. Es lo menos que puede hacer después del favorazo de la Platajunta Digital. Hala, a consensuar.

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