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Federico Jiménez Losantos

¿Contra el benzopireno o contra el orujo?

Federico Jiménez Losantos
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La celeridad con que el Ministerio de Sanidad ha anunciado la publicación de una normativa sobre los límites de benzopireno permitidos en el aceite de orujo de oliva demuestra, por si hacía falta, la improvisación, imprevisión e irresponsabilidad que han regido la actuación de las autoridades en todo este episodio. Si no había peligro inmediato para el consumidor, si la nueva normativa podía elaborarse en diez días, si el benzopireno se encuentra en mayores cantidades en muchos otros productos de consumo alimentario más habituales que el aceite de orujo de oliva, ¿a qué vino el espectáculo de la retirada fulminante, como si se tratara de un veneno fulminante? No, no se justifica. No está "mal en la forma y bien en el fondo". Aunque los que han hecho de la alarma sanitaria una sección de sus medios informativos intenten diluir en los meandros de la prevención esta intervención gubernamental, la hazaña de Villalobos ha sido una arbitrariedad surgida del pánico político y no una necesidad nacida de la vigilancia sanitaria.

La prueba la vamos a tener muy pronto. ¿Se va a intervenir también el mercado de las especias, de la pizza, del pan al horno, de los embutidos, de la carne a la plancha? ¿Se va a hacer un estudio sobre la acumulación más leve, pero mucho mayor a la larga, del benzopireno del tomate en nuestro organismo, como se ha hecho en los USA? Si allí supone la cuarta parte del benzopireno acumulado en el organismo, ¿cuánto será en un país mediterráneo? Al final, ¿contra qué peligros se hace la normativa sanitaria? ¿Contra el benzopireno que puede resultar cancerígeno -sólo en ocasiones y en grandes acumulaciones- o contra el aceite de orujo de oliva que lo contiene? ¿O más bien contra el escándalo que una vez más persigue a la ministra de Sanidad? Se está jugando con la falta de información científica, con la histeria del consumidor y con las costumbres epilépticas de los medios de comunicación, más adictos al susto que a la noticia. Pero no se hace una política seria de prevención, salvo en lo que se refiere a prevenir la destitución de la ministra. Lástima que, como el cáncer, no dependa sólo de los afectados.

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