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Federico Jiménez Losantos

Cornudos, apaleados y sonrientes

Federico Jiménez Losantos
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Es imposible entender el comportamiento de la ministra de Exteriores, del vicepresidente Rajoy y demás criaturas gubernamentales sin entender que Aznar y el PP padecen de forma especialmente aguda el terrible complejo de la gente de su generación con respecto al sentimiento nacional español, agravado además por el pavoroso complejo de la Derecha española ante la Izquierda, que les ha llevado incluso a fundar la internacional de Centro… para albergar a la Derecha. Pero la señora de Palacio está llevando ese complejo hasta límites que hubieran complacido sobremanera al Marqués de Sade. Doña Ana sería una fabulosa heroína almodovariana y posmoderna para “Justina o las desgracias de la virtud”. Y, si se lo permiten sus creencias, Benaissa sería una perfecta drag-queen para llevar a los escenarios “Juliette o las prosperidades del vicio”.

La ministra española, a quien no recibió al locutor de la SER ni en el aeropuerto ni en la puerta de su ministerio ha dicho que el trato que recibió fue absolutamente correcto. Sabe Dios cómo la tratarán en casa. Pero, mientras represente a España, la ministra no puede administrar su humildad como una ofrenda o un sacrificio personal: representa internacionalmente la dignidad de cuarenta y dos millones de personas y si la tratan desconsideradamente no es a ella a quien afrentan sino a todos los españoles y, singularmente, a las españolas.

Si el asunto de Perejil estuviera zanjado definitivamente como proclama el Gobierno, cabría archivar este desagradabilísimo episodio como una más de las coces que periódicamente dispara el vecino marroquí. Pero con el aplazamiento en la ONU por cuatro meses de la cuestión del Sahara, donde sólo España se mantiene enfrentada al anexionismo marroquí, es seguro que de una u otra forma, pasando o sin pasar por Perejil, Marruecos va a multiplicar sus presiones sobre España para torcerle el brazo y hacerle cambiar su postura favorable al referéndum. El poderosísismo “lobby” marroquí, con intereses e interesados de distintas nacionalidades –francesa, británica, norteamericana y española (sí, española)– va a funcionar a todo tren, comprando voluntades y engrasando mecanismos disuasores. González y Polanco son las cabezas visibles del partido marroquí en España, pero en este tiempo se reclutarán más.

Parece claro que los intereses estratégicos españoles se verán menos amenazados si Marruecos tiene abierto un frente por el Sur que si lo cierra y puede concentrarse ya en su acoso a Ceuta y Melilla. Si no se tratase de una cuestión de coherencia con lo que ha sido la política española desde la humillante retirada de la colonia saharaui, lo sería de razonable prevención y represalia ante la sistemática política de agresión marroquí.

Pero ojo, que en cuatro meses puede haber muchas volteretas. Por de pronto, nos contentaríamos con que la ministra no aplaudiese cuando la abofetean y que Rajoy no diga que nosotros, precisamente nosotros, tenemos que hacer un esfuerzo para mejorar las relaciones con Marruecos. Que las mejoren ellos, que son los que las empeoran. Y aunque sólo sea por pudor, si en el Gobierno aceptan el papel de cornudos y apaleados, no sonrían. Si a nuestros representantes no les da vergüenza, a nosostros, los representados, sí.

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