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Federico Jiménez Losantos

Cuando secuestrar niños no es delito y la Oposición ayuda a liquidar la Constitución

Todos los hombres son malos para las comunistas "de género", porque, si no, las mujeres podrían no ser todas buenas.

Todos los hombres son malos para las comunistas "de género", porque, si no, las mujeres podrían no ser todas buenas.
Ione Belarra e Irene Montero en el Congreso | EFE

La Ley del "sí es sí" se explica claramente viendo el indulto a la secuestradora María Sevilla. Para Irene Montero, fautora de ambos, son dos "triunfos feministas", que le permiten liquidar, desde su sideral ignorancia, en la que el sectarismo compite reciamente con la ignorancia, la historia completa del feminismo. A esta lerda fatua, que ahora se enjaeza de elegante, a lo Yoli Tenacillas, le sobran el feminismo primero de Emilia Pardo Bazán, Concepción Arenal y Clara Campoamor, el socialista posterior, desterrado con Carmen Calvo al cuarto de las ratas, y hasta el comunista de Lidia Falcón, expulsada del PCE por no aceptar la grotesca Ley Trans.

De hecho, esta ministra, que lo es por un hombre, Iglesias, y legisla gracias a otro, Sánchez, representa un transfeminismo, que odia al hombre cuanto desprecia a la mujer. En realidad, odia aún más a la mujer que no acepta pertenecer a ese "sexo débil", eternamente protegido por las leyes sexistas contra las que se rebeló el primer y heroico feminismo. Hablan de libertad irresponsable, "solas y borrachas", pero en realidad perpetran una "ley de los pies vendados", con sexo ante notario, que niega la libertad al hombre y, de paso, a la mujer, ya desigual por Ley. La pobre Irene, con dos tallas más para yolandizarse, habló de "deseo" liberado gracias a ella. Hay que sor tonta, sin miedo al ridículo, para decir que, hasta este jueves, ninguna mujer en España ha tenido libertad sexual. ¿Estamos ante la heroína de "Diez sombras de Rojo"?

El discurso de Ayuso contra Podemos y Sevilla

En 2019, al poco de llegar a la presidencia de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso hizo un discurso entre los mejores suyos, sin papeles, tan pensado como vivido. Y cargó contra ese feminismo que veía mérito en secuestrar a los hijos. Todavía Isa Serra paseaba a María Sevilla por las Cortes y representaba a Podemos en la Asamblea de Madrid, antes de ser condenada por agredir a otra mujer, que, por ser policía, lo merecía.

Ayuso representaba y representa lo que Feijóo no le deja representar a Cayetana: el talento y la voluntad de las mujeres que no aceptan tutelas "de género". Este viernes, en esRadio, recordaba Inés Arrimadas una de sus grandes intervenciones contra la Ley del "sí es sí". Le una pregunta a la zurda de turno: "¿Pero, realmente, ustedes dicen "sí, sí, sí" hasta el final? Dicho lo cual, se puso a defender el voto favorable de Ciudadanos a la Ley.

Confieso que no daba crédito a lo que oía. ¿Que el proyecto primero de la "Ley del sí es sí" era peor que el aprobado? Seguro. Todo es posible en unas descerebradas que opinan y legislan partiendo de la violación, sea como delito o como fantasía, que en ellas no está claro. En rigor, parece que sólo a partir de esa fantasía entienden la sexualidad, y como no saben distinguir la fantasía de la realidad, según denunció Clara Serra sin éxito (ella está fuera de la horda podemita, que acaudilla Irene), legislan contra sus propias fantasías de violación y las que combaten en el Código Penal. Es tan poderoso lo inconsciente en estas mentes tan superficiales que creen que piensan lo que sólo sienten, atacando un horror que revela fascinación.

La difícil legislación sobre la sexualidad

Es fácil legislar contra la violencia que se ejerce para lograr una satisfacción sexual. Lo difícil es legislar sobre la sexualidad, y eso es lo que pretenden estas huérfanas de una mínima cultura psicoanalítica al respecto. Mezclan el hecho delictivo individual con la historia y hasta la costumbre, perpetrando leyes contra fantasmas sexuales desde prejuicios ideológicos. Entender esto es esencial para abordar desde el Estado de Derecho algo tan vidrioso y resbaladizo (y ahorraré adjetivos con el doble sentido que toman en todas las culturas los términos para abordarla) como es la sexualidad.

Si no se entiende lo sexual como algo diferenciado, todo es sexual, sin diferenciación. Si todos los hombres son violadores, todas las mujeres habrán sido violadas. Aplicándolo a sus casos, todos los padres, hermanos, novios, maridos y tal vez hijos de las que esta semana han denunciado la "cultura de la violación", desde la delegada del Gobierno en Valencia a la coordinadora de Más Madrid, pasando por todas las publicistas de la Ley del "Sí, Irene" serían violadores, y las pobres generalizarían sólo lo que conocen. Y como eso es imposible, queda claro que atacan a los hombres porque lo exige su doctrina y su negocio, no porque crean que es verdad.

Estamos ante una traslación del esquema comunista al feminismo. Todos los propietarios son malos para el comunista, aunque sean buenos, porque en su doctrina la propiedad es intrínsecamente mala. Todos los hombres son malos para las comunistas "de género", porque, si no, las mujeres podrían no ser todas buenas, habría que concretar cada caso, individualmente, y, entonces, adiós colectivismo y vuelta al liberalismo.

Lo peor de esta ley es que en su exposición de motivos empieza por calificar a la sociedad española como "patriarcal", encaminando a los jueces a opinar sobre lo que se juzga, más que a dejar clara la Ley que deben aplicar. Concretemos más. La gran pregunta ante esta ley podría enunciarse así: ¿Es patriarcal una sociedad sonde llega a ministra y legisla Irene Montero, que tiene la Cartera por ser la mujer de Pablo Iglesias y a la que el PSOE aprueba esta ley porque quiere el macho alfa Pedro Sánchez?

No. Simplemente es una sociedad donde los machitos de la Izquierda les ponen una ley a las mujercitas de su intimidad o de su tribu como los ricos de antaño les ponían una mercería a las queridas, aburridas de esperar. La diferencia es que entonces nadie tenía por qué entrar a comprar y ahora la Ley obliga a todo el mundo, para que el sultán pueda decir: "¿ya estás contenta?". No se lubrica el trato sexual sino el político, la alianza del Gran Hermano Sánchez con la Hermana Irene, y la Hermana Yolanda al quite. La dinámica interna es la misma: las bellas del harén se pelean y el sultán alterna favores. ¿Legalidad, igualdad? No le hagan reír a un emir catarí.

El inexplicable voto de Ciudadanos

Que Ciudadanos haya acabado votando esta Ley, inseparable del indulto con el que se premia a la secuestradora María Sevilla, es el remate sonámbulo de la traición de Albert Rivera, que desautorizó a Marta Rivera de la Cruz y votó la Ley de Violencia de Género por mor de las encuestas. Traición a la nación, al Estado de Derecho, a las mujeres y a los hombres, porque si la ley declara, con el argumento patriarcal, que los hombres no son iguales a las mujeres, las mujeres tampoco serán iguales a los hombres.

¿Y puede conciliarse eso con la idea misma de ciudadanía, de la igualdad ante la Ley? ¿Es lógico en un partido que nació para asegurar la igualdad legal y real de los catalanes? Evidentemente, no. Si por una ventajilla reglamentista, luego interpretable, se acepta el gran pulpo del feminismo queer, negación de la mujer misma, como animal de compañía legislativa, quien lo acepta ha dejado de existir. El votante percibe, tal vez por el olor, la muerte de un partido antes que el partido mismo. Y sucederá en Andalucía, como antes en Castilla y León, antes en Madrid y siempre después de la moción de censura de Murcia, que Inés, diga lo que diga, presentó de acuerdo con Sánchez. Lo que me sorprende y entristece es que todavía crea Inés que lo que hace un año que no cuela, pueda colar ahora.

Al enemigo, ni agua

Todo que se pacta con los verdugos de la Constitución es sólo un retraso, una dilación pensionada del entierro del régimen del 78. Otra mujer respetable, Consuelo Madrigal, decía ayer en El Mundo que hay "aspectos técnicos" en la Ley que cabe mejorar. Lo dudo. Si no fuera analfabeta, la ministra de Igualdad podría proclamarse heredera del Romanones que dijo: "hagan ustedes las leyes y déjenme a mí los reglamentos". La déspota hace la Ley y aplica el reglamento mediante indultos, así que la única mejora posible de su engendro es que lo vote su madre y, cuanto antes, a la basura. Con los enemigos de la Libertad, quédese Sánchez. La Oposición, fuera.

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