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Federico Jiménez Losantos

De Largo Caballero a Corto Zapatero

Federico Jiménez Losantos
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Setenta años después, España vuelve a tropezarse con su particular maldición: el PSOE, único partido político que desde hace más de un siglo ha estado siempre dispuesto a cargarse el régimen cuando no alcanzaba el poder o perdía la esperanza de recuperarlo pronto. Nacido como sección española de la Internacional Obrera, en su adscripción marxista, el PSOE ha defendido durante décadas la dictadura del proletariado, ha provocado para conseguirla la guerra civil más atroz de nuestra historia, ha utilizado las urnas cuando le convenía y las ha roto cuando no le servían. Ha hecho del sectarismo su única ideología real y ha sido incapaz de lealtad para con la Nación y de respeto a la Constitución. Se ha servido de la República y de la Monarquía, de la dictadura y de la democracia, pero nunca le ha dado a España ni más libertad ni más prosperidad. La fuerza política más antigua es la más antigua de nuestras rémoras y la más actual de nuestras pesadillas.
 
En 2004, cuando España es uno de los países más prósperos de Europa y con mejor calidad de vida del mundo, José Luis Rodríguez Zapatero, un típico líder del PSOE, es decir, intelectualmente mediocre (en línea con su  fundador Pablo Iglesias) y éticamente inexistente, (en una continuidad sin apenas excepción) , va camino de emular al obtuso y siniestro Francisco Largo Caballero, el “Lenin español”, quizás el dirigente político que más muertos y más miseria ha provocado desde Fernando VII. En 1934, tras perder las elecciones ante la Derecha en la II República, Largo consiguió la radicalización del partido y lo embarcó en una aventura golpista contra la República que estalló en Octubre de 1934, con los separatistas catalanes y vascos como compinches sediciosos. El proceso de “bolchevización” del PSOE a manos del “largocaballerismo” fue denunciado mientras se producía por Julián Besteiro y sus seguidores, y ha tenido su actualización historiográfica más implacable y reciente en las obras de Pío Moa. Pero ni el propio PSOE ni la derecha española han guardado memoria de ese episodio que precipitó a España en la guerra y la larguísima dictadura franquista posterior. De ella salimos pacíficamente sólo a la muerte del dictador y a pesar, cómo no, del PSOE, que de la mano de un joven líder llamado Felipe González promovía la Ruptura frente a la Reforma preconizada por el Rey y secundada por casi toda la derecha política nacional.
 
Zapatero, un líder débil, con menos voluntad que principios, y sin demasiadas esperanzas de alcanzar el Poder por la vía democrática, ya intentó derribar al gobierno legítimo de la derecha durante el año 2003 y está respaldando de forma cada vez más clara un proyecto separatista catalán dirigido como en 1934 por Esquerra Republicana. Ya nadie puede dudar de que todos los compromisos del PSOE en defensa de la Nación y la Constitución contra el terrorismo y el separatismo son papel mojado. Nadie puede creer que guarde la menor lealtad al Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo, propuesto por el propio Zapatero hace tres años. Nadie puede dejar de ver que la única esperanza que tiene el actual régimen constitucional español de sobrevivir es que este PSOE sea democráticamente derrotado en las urnas y su dirección política destruida. De aquel Largo Caballero a este Corto Zapatero, mucho ha cambiado España pero poco ha cambiado el PSOE. Ojalá los españoles sepan resistirlo hoy mejor que ayer. La nación, su libertad, su prosperidad, no sobrevivirían a su llegada al Poder. Esta vez, no.

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