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Federico Jiménez Losantos

Desde la "habitación del pánico", Rivera se ofrece a "la banda de Sánchez"

Mal tienen que pintar las encuestas de Cs para un cambio tan radical, de un día para otro, y resonando aún el eco de su bronca en las Cortes a "la banda de Sánchez".

Federico Jiménez Losantos
Mal tienen que pintar las encuestas de Cs para un cambio tan radical, de un día para otro, y resonando aún el eco de su bronca en las Cortes a "la banda de Sánchez".
Albert Rivera, en el acto de inicio de la precampaña para las elecciones del 10N. | EFE

Hace dos años, Albert Rivera decidió convertirse en "l´hereu" del electorado del PP, abandonado por la incompetencia y la traición de Rajoy. Y se embarcó en una tarea semejante a la de Podemos hace cuatro años: pasar en escaños a su competidor en la derecha para ser la alternativa a la izquierda. Y cuando se produjo la prevaricadora sentencia del recusado y recusable juez de Prada, fue el primero en saludarla como un punto de no retorno en la demolición de aquel gobierno idiotizado ante Cataluña.

La moción insospechada y Casado el inesperado

Lo que no sospechaba Rivera es que Roures había urdido una alianza de comunistas y nacionalistas que le ofrecieron en bandeja a Sánchez la Moncloa, mediante una moción de censura a la que el líder de Ciudadanos, tras haber sugerido que era moralmente necesaria, votó "no". Se situaba así en el campo que quería heredar, el de la derecha, tras esgrimir las razones de la izquierda para echarlo del Poder. Defendió a un PP muerto para poder resucitarlo y llevarlo a la victoria contra el PSOE y sus fétidos aliados.

No contaba con que en el Congreso-funeral del PP iba a colarse entre las dos 'niñas ashishinas' un inesperado heredero de Rajoy, Pablo Casado, salido de lo menos podrido del partido y que derrotó a la favorita Soraya. Lo peor para Rivera es que hasta en lo estético Casado tenía algo de Cs, y que, tras haber dado el volantazo de la socialdemocracia al liberalismo, se encontraba con un liberal de los de verdad, de los de FAES, no de Macron.

Al tiempo, por la parálisis de Rajoy y su inútil 155 ante el golpe en Cataluña, surgió Vox, que debilitaba aún más al PP. Rivera podría haber vuelto al centro-izquierda, pero siguió apostando todo a la Moncloa en vez de guardarse una baza con el PSOE, como ya hizo con Sánchez y se cargó Podemos. Y llegó el mal resultado del PP, y el bueno suyo, pero aún así se quedó a bastante distancia del PP, seguramente la menor que puede esperar.

La "banda" que no era de Sánchez

Ante la investidura de Sánchez, Rivera hizo una apuesta arriesgada, si no suicida: dar por hecho un pacto de Gobierno del PSOE con Podemos, respaldado por toda la patulea separatista. Y usó la sesión de investidura como un reality televisivo contra Sánchez. A los que lo respaldaban los llamó "la banda de Sánchez" y dijo que al lado, en la "habitación del pánico", habían formado el Gobierno que se vería a la mañana siguiente. Pero llegó esa mañana; y lo afirmado por Rivera se reveló del todo falso.

Y entonces, Rivera, desapareció. Entró en un hospital de la mano de Malú y luego se distrajo todo el verano entre el fado y la canción española. Tuvo lugar entonces la salida de media docena de líderes de Cs favorables a la abstención para que gobernara el PSOE. Rivera los fulminó sin dudar. Y a la vuelta, dio la astuta voltereta que glosamos aquí, plagiando la oferta de Casado a Sánchez cuando él se negaba incluso a ir a Moncloa; y cuando Sánchez no tenía tiempo ni ganas de hablar, seguro de su victoria electoral. Y otra vez a votar, como Sánchez siempre quiso y Rivera nunca adivinó.

Desde entonces, han pasado muchas cosas, pero las protagonizadas por Rivera han añadido confusión al ya confuso panorama a la derecha del PSOE. Tras defender Navarra Suma como la piedra de toque de la lucha contra el separatismo y contra la "banda de Sánchez", que en Navarra es la ETA, Rivera expulsó del partido al grupo de Cs en el País Vasco por hacer un pacto similar, de hecho copiado literalmente, con el PP. Tras defender que Arrimadas no se presentara a la sesión de investidura por no tener votos suficientes, va y presenta una moción de censura contra Torra en peores circunstancias aritméticas. Entre aquello y esto, hay un abismo.

El de la desesperación demoscópica, sin duda. Porque este sábado Rivera se ofreció a Sánchez en los mismos términos que a Casado. Y lo hizo tan chapuceramente que ni siquiera nos ha preparado para el volantazo. Dice que primero llamará a Casado si los números dan para formar Gobierno; si no, llamará a Sánchez para lo mismo. Eso dijo ayer. Tengo la impresión de que, hoy, tras haber formado Gobierno con el PP pero gracias al apoyo de Vox en Andalucía, Madrid y Murcia, dirá que, tras el acto de Vista Alegre, Cs prefiere formar Gobierno con Sánchez antes de mancharse con Vox. Fea excusa para un salto con triple tirabuzón, pero la que necesita Sánchez.

¿Es más chulo Falconetti o Riveretti?

Nunca fue Rivera hombre de ideas sino de ocurrencias, al hilo de las encuestas, a riesgo de que fallen. Y mal tienen que pintar las de Ciudadanos para un cambio tan radical, de un día para otro, sin argumentos y resonando aún el eco de su bronca en las Cortes a "la banda de Sánchez" por tramar un gobierno social-comunista-separatista en la "habitación del pánico". Da la impresión de que Rivera hace de Jodie Foster, a la espera de que alguien lo rescate. ¿Quién? Todo el mundo. ¿Y por qué? Porque él también lo vale. ¡No va a ser Sánchez el único chuleta de España! Aun así, no me extrañaría que nuestro futuro acabara jugándose entre Sauna-Adán y la Barceloneta.

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