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Federico Jiménez Losantos

El dinosaurio continúa ahí

Federico Jiménez Losantos
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Uno de los más célebres cuentos breves de la literatura en lengua española es el de Augusto Monterroso: "Cuando se despertó, el dinosaurio continuaba allí". Apenas han pasado cuarenta y ocho horas del pasmoso jordán de los pecados nacionalistas en que algunos han convertido la victoria electoral del PNV, ni siquiera por mayoría absoluta, cuando el dinosaurio etarra, verdadero protagonista, por acción o por elusión, de la campaña electoral, ha demostrado que continúa ahí. Afortunadamente, Gorka Landáburu se recupera de la carta-bomba que, cumpliendo las numerosas amenazas recibidas, llegó a su domicilio casi al tiempo del recuento de votos. El balido de corderillo irlandés con que Arzallus disfraza su aullido habitual tras la pequeña apoteosis de las urnas queda así en evidencia. Nada dijo el PNV en campaña de la lucha antiterrorista. Nada dijo Ibarretxe al entonar los autoplácemes de la victoria. Y nada dijo, además de "¡Independencia!", la sucesora de Garaicoetxea en Eusko Alkartasuna, Begoña Errazti, sobre sus planes contra la primera lacra del País Vasco: el terrorismo.

¿O no es la primera lacra? ¿O es que para los nacionalistas supuestamente moderados el terrorismo no es el principal problema de la sociedad vasca? Pues, evidentemente, no. Hasta ahora no lo ha sido, desde Estella lo es mucho menos y ahora, con el guión irlandés de "Estella 2. El retorno jelkide", todo se irá en visitas, alguna declaración cejijunta y poco más. ¿Espera alguien acaso que el PNV luche contra ETA y contra su versión juvenil de la "kale borroka" más que antes de las elecciones? Virtud teologal es la Esperanza, con la Fe y la Caridad, pero ninguna puede ejercerse a cuenta del PNV salvo dentro del culto pagano del nacionalismo. En cuanto a las cuatro virtudes cardinales -Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza- han quedado en exclusiva para la Oposición.

Esperemos que los viejos forofos -y los nuevos que en Madrid le han salido a Arzallus en los últimos días- no culpen a Gorka Landáburu de haber puesto las manos donde no debía. Incluso cabe esperar, aunque sin Esperanza, que se le pida a Ibarretxe, o sea, a la Ertzantza que, tras desproteger ostensiblemente a los candidatos del PP y del PSE el día de las elecciones, muestre mayor diligencia en perseguir a los que han tratado de asesinar al periodista.

Porque el dinosaurio continúa ahí.

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