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Federico Jiménez Losantos

El espiritismo como política

Federico Jiménez Losantos
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Sostiene Armando Frontado que Chávez no es comunista, fascista o socialista (valga la multirredundancia) sino espiritista. Su revolución "bolivariana" no sería sino una ceremonia de espiritismo disparatado en la que ha hecho participar a toda Venezuela. ¿Qué puede hacer Bolívar desde el más allá contra las manipulaciones de Miquilena y compañía? Esperemos que alguna vez manifieste su disgusto, pero no es probable. Hace tiempo que se comenta la costumbre de Chávez de dejar a su lado en las cenas una silla vacía, con cubierto a la mesa, por si se aparece Bolívar a probar algún bocadito. La única forma de desparobación del invocado ha sido no acudir siquiera a tomarse un café. Poco para lo que merece el anfitrión. Ahora bien, este adanismo cuartelero de rebautizar toda una república con el nombre del Libertador y rendirle culto fúnebre según las ocurrencias del tratante de fantasmas no es achaque solamente venezolano. El espiritismo está presente en muchos países, incluídos los más avanzados y presuntamente civilizados. Chávez, como en tantas cosas, es sólo la caricatura.

Vemos en Argentina a un Partido Justicialista, o sea, peronista, realmente indestructible, como el culto a Evita y a su cónyuge, pese a la ruina que trajeron al Río de la Plata, tan devaluada. ¿No es una forma de espiritismo el peronismo? En Chile se observa otra forma del trato con cadáveres históricos que consiste en disputar sobre el futuro de Pinochet, que es puro pasado, para vengar al régimen de Allende, que era pasado incluso cuando era presente. Nada comparable, claro está, con lo que sucede en el Perú. Si el APRA es una forma de espiritismo ideológico y los "búfalos" de Haya de la Torre, corporeizados en Alan García, metían miedo a las criaturas políticas supervivientes del fujimorismo, nada mejor que saltar directamente al imperio inca, como ha hecho Toledo en Macchu Picchu, y entretenerse con las hachas rompedoras de huesos para imponer respeto al aprismo y sembrar el desconcierto universal.

En Cuba hay un muerto vivo, Fidel Castro, un vivo muerto, que es Raúl, y un fantasma insepulto, que es el Che Guevara. En Méjico, el cadáver insepulto del PRI ocupa toda la República y se invoca a Madero para conjurarlo y enterrarlo de una vez. No entremos ya en las costumbres dominicanas, haitianas, portorriqueñas, donde el animismo africano se ha hecho fuerte. ¿Qué Pastrana funge como presidente colombiano? ¿El hijo o el fantasma del padre? ¿Qué Frei ha dejado de mandar en Chile? La esperanza de renovación civilista en el Hemisferio es Fernando Belaúnde. Y no está descartado que vuelva el sandinismo a Nicaragua. Ni ha desaparecido del todo el canibalismo de los caribes, como lo prueba el castrismo empujando a los balseros a los tiburones. En fin, todo son fantasmas en Iberoamérica. Empezando por el de la libertad, tan invocado, y que no acaba de aparecerse nunca.

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