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Federico Jiménez Losantos

El felipismo se echa a la calle

Federico Jiménez Losantos
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Entre el anuncio de Zapatero de las “medidas” que el PSOE iba a tomar contra la “intolerable provocación” que suponen las modestas reformas laborales de Aznar y la concreción de esas “medidas” el lunes, este fin de semana vamos ya a ver despuntar las claves, los eslóganes, las pautas ideológicas, los latiguillos y las líneas básicas de la que significa, sin duda, la vuelta del felipismo a la primera fila de la acción política. Porque eso es lo que sucede: el felipismo, con Zapatero como mascarón de proa, se echa a la calle. Y con todas sus consecuencias.

No sabemos si González y Polanco se manifestarán codo a codo con Méndez y Fidalgo por las calles de Sevilla contra la Unión Europea, la Presidencia Española, el Gobierno de Aznar o, simplemente, contra Aznar, que es de lo que se trata. Podrían hacerlo. Polanco ya lo dijo hace unos meses: lo que él quiere es que Aznar salga de la Moncloa. Nada más natural que ese juicio en un empresario independiente. En cuanto a González, ya lo ha demostrado por activa y por pasiva, en el Gobierno y en la Oposición, en España y en el extranjero: no hay límites para su rencor contra el hombre que no sólo le ganó las elecciones sino que lo acabó echando del Poder, que es algo más que el Gobierno y, sobre todo, lleva camino de pasar a la historia como el mejor gobernante desde la traída –más que llegada- de la democracia a España.

El verdadero eslógan, la frase que resume todas las múltiples y variadas razones de esta imprevista aunque previsible movilización general del felipismo al fente de la izquierda española (y de todas las fuerzas antiespañolas aliadas con la izquierda) es que “éste no se puede ir así”. “Éste” es, naturalmente, Aznar. Despedirse de Europa en Sevilla, precisamente en Sevilla, como el gobernante capaz de borrar hasta la sombra de González, sobre todo con su gesto de dejar voluntariamente el Poder, era y es demasiado para el hombre que se creó y que se creyó un régimen. Que en cierto modo todavía lo tiene y lo es. Polanquismo le llamamos ahora.

Lo que va intentar el felipismo es reeditar la huelga del 14-D que padeció a manos de la UGT, pero con la música de fondo antiparlamentaria y antidemocrática del “¡Maura no!”. Aznar parece que lo ha entendido: la cosa va por él y contra él; algunos de sus ministros, o no se enteran o no se quieren enterar. Ya se enterarán. Lo que es ruido, sobre todo mediático, no va a faltar. Por cierto, que la enésima reforma del sector audiovisual aznarista no ha podido encontrar marco más adecuado para mostrar su perfil y renovados atributos. O para debutar haciendo clamorosamente el ridículo.

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