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Federico Jiménez Losantos

El feminismo liberal, aportación clave de Díaz Ayuso al discurso del PP de Casado

El futuro del PP pasa por asumir lo que dijo, aunque no fue más allá, Rocío Monasterio: “Representar a la España que disiente del discurso progre”.

Federico Jiménez Losantos
El futuro del PP pasa por asumir lo que dijo, aunque no fue más allá, Rocío Monasterio: “Representar a la España que disiente del discurso progre”.

El PP ha tenido desde su refundación real por Aznar en Abril de 1990 –la de Fraga poco antes no pasó de simbólica- dos ideas básicas: la defensa de España y de la economía de mercado, es decir, la Nación como ámbito de libertad individual bajo la Constitución y los bajos impuestos como garantía de la libertad de las personas para disponer de su propiedad. Hoy pueden parecernos de cajón esos dos principios, pero no lo eran en España ni en Europa antes de los años 80, la década de Reagan y Thatcher.

Cuando España "no se llevaba"

En España, el sector democristiano de la Derecha -primero en UCD y luego en Coalición Democrática (AP-PDP-UL)-, muy influyente entre los empresarios y los medios de comunicación aunque inexistente en las urnas, defendía, abierta o solapadamente, dejar al PNV y Pujol la representación de los no socialistas en sus comunidades autónomas. Era tan débil la idea nacional en la Derecha que Fraga, preso de los complejos franquistas que hábilmente aprovechaban los democristianos del PDP, apoyó la creación de franquicias regionales como Unión Valenciana o el PAR para completar mayorías de centro-derecha. El precio último de aquella política fue el de abandonar la defensa de los derechos civiles de los castellanohablantes.

En lo económico, hasta la generación de Aznar en AP, la derecha era intervencionista, socialcristiana, fiadora en el gasto público, y se acordaba de la libertad individual para defender la de los padres para elegir escuelas católicas y controlar la educación de sus hijos. Pero las órdenes religiosas se rindieron al seguro de la Enseñanza Concertada, si no venían ya rendidas al nacionalismo, y aquella fuerza social todavía importante en los 80 frente al PSOE, abandonada por la Iglesia, hizo suya la idea liberal de libertad de elección de centro o la del cheque escolar.

Pero los complejos franquistas de Fraga y el clericalismo del PDP –no del catolicismo, porque, aparte de los jóvenes liberales de UCD como Zaplana y Pedro Pérez, más laicos, los jóvenes liberales del grupo de Aznar –Moreno, Cortés, Aragonés, Bernaldo de Quirós- venían del Opus ilustrado que, en la línea de Ullastres, representaba Antonio Fontán. Y leían a Mises y Hayek en la naciente Unión Editorial. Y suscribían la doctrina austríaca del jefe de la patronal bancaria Rafael Termes, otro catalán del Opus como López Rodó. Pero la Derecha abandona el intervencionismo económico, que venía nada menos que de 1898, cuando Cánovas publica Por qué me he hecho intervencionista, gracias al trabajo de estos grupos de reflexión intelectual, hoy think tanks, asumido políticamente por Aznar.

La caída del Muro y la reinvención de la Izquierda

La caída del Muro de Berlín en 1989 y la implosión de la URSS en 1991 cogieron a la derecha en plena reorganización política y afianzaron la apuesta liberal de Aznar frente a los tiquismiquis democristianos. Las tesis de Fukuyama sobre el triunfo de la democracia liberal en El fin de la Historia excitaban a los políticos y les animaban a dejarse llevar, como si pocos años antes, a comienzos de los 80, el comunismo no se hubiera hecho con una parte sustancial del mundo, amenazando a la otra. En el PP, la desideologización en favor de la gestión se plasmó en el viraje de Aznar al afianzarse en el Poder y fundar la Internacional Centrista, un engendro democristiano con Eugenio Nasarre como ideólogo que yo critico en Viaje al centro de la nada (1999), recogido en Con Aznar y contra Aznar.

Esa apuesta por la gestión sobre las ideas impidió al PP combatir las dos ideas básicas con que la Izquierda supo reinventarse en todo el mundo: la ideología de género y la Memoria Histórica. Aznar había aceptado la Ley del Aborto de González y tuvo sobre la mesa el proyecto de ley, presentado por Zaplana, de Unión o Enlace Civil Homosexual. A los católicos les espantaba el concepto de matrimonio homosexual que, por primera vez en su historia, proponía una Izquierda desnortada tras la caída del Muro. No sólo por el rechazo a la homosexualidad de casi todos los grupos religiosos, sino porque el matrimonio para los cristianos es un sacramento y, por tanto, sagrado. La Unión Homosexual suponía los mismos derechos civiles que el matrimonio religioso… y no se llamaba matrimonio. Una buena solución, pero, al final, Aznar decidió que "lo de los maricones lo legalizara otro". Desde entonces, lo que era Movimiento Gay, ahora LGTBIetc, quedó en manos de la Izquierda. Por pereza política y por falta de convicción liberal.

Pasó lo mismo con la Memoria Histórica. La izquierda, pese a la Amnistía de la Transición, consiguió que las Cortes condenaran al régimen franquista, como si la democracia no viniera de ese régimen y como si la Izquierda no debiera condenar el terror de la II República. Pero el PP tragó. Como tragó, cuando no impulsó directamente, como en Galicia o las Islas Baleares, la discriminación del español a través de la inmersión lingüística. La frase más repetida era que "no había que entrar al trapo de la Izquierda", Y por no entrar nunca a esos trapos, se acabó arriando la bandera nacional.

El PP de Casado, hasta ahora: Nación y Economía

La resurrección del PP de Casado sobre la ruina del de Rajoy, una ruina que, insisto, empezó con Aznar, se ha basado en recuperar el discurso nacional –aunque con la política lingüística de Feijóo, hija de la de Fraga y hermana de la de Matas, no habrá "ciudadanos españoles, libres e iguales", en Galicia ni en ninguna parte- y el económico, centrado en la bajada de impuestos, aunque el precedente de Montoro no invite a confiar en el PP.

Pero, con la excepción de Cayetana Álvarez de Toledo y pese a la clamorosa deserción de Maroto –un casado gay que no critica los abusos de la izquierda en el Orgullo gay- el PP no se había apartado de Ciudadanos en la obediencia a lo políticamente correcto. Ni en la Memoria Histórica –se abstuvo en la exhumación de Franco, a favor de la cual votó Rivera- ni en el discurso sexista de la Izquierda. Hasta la investidura de Díaz Ayuso.

La clave de la "superioridad moral" de la Izquierda

Ahí ha aparecido, sin premeditación, pero demostrando hasta qué punto han asumido las dirigentes del PP una posición de combate contra la "superioridad moral" de que siempre presume la izquierda y que tiene en el feminismo radical su punto más sólido, o menos combatido hasta ahora. Quedó plasmado en el discurso de intenciones de la candidata, pero nunca lo plúmbeo ha facilitado la comprensión de la opinión pública. Fue en el debate contra los comunismos podemitas –Isa Serra, Sol Sánchez, Errejón- donde Díaz Ayuso se batió el cobre a base de bien, en la forma y el fondo.

En lo político, hizo lo más inteligente para el PP, que era identificar a la oposición con el comunismo venezolano. Pero eso era previsible. Tanto, que ni la obtusa Serra ni Sol Sánchez, de Izquierda Unida, defendieron los logros de la Revolución bolivariana. Se centraron, como acabó haciendo Fray Gabilondo -"ni una mala palabra ni una buena acción"- en los bulos o imputaciones de corrupción de algunos medios digitales, pese a haber sido rechazadas legalmente como publicó LD, y en el feminismo que, por la presencia de Vox en la coalición de Gobierno, parecía el punto más débil. Y ahí, en lo personal y lo feminista, es donde la candidata estuvo mejor.

No se ha hecho –las vacaciones, supongo- un montaje audiovisual de todo lo que Díaz Ayuso respondió a Serra y Errejón en materia de género. Pero basta espigar unas cuantas frases para constatar el cambio de aquel PP sumiso a la izquierda de Rajoy y Soraya y este de Casado y Díaz Ayuso.

Esto le espetó a Isa Serra:

"La izquierda ha hecho una campaña machista y repugnante. No sólo contra mí, sino contra todas las mujeres que no siguen su dictado".

"La izquierda que ustedes representan necesita que haya pobreza para vivir de ella. Necesitan una mujer víctima para dirigir sus vidas".

"Quieren a jóvenes que dependan de sus paguitas y de su dictadura moral. Así es como gobiernan".

Y luego a Serra y Sol Sánchez:

"Ustedes hablan de feminismo. Yo quiero combatir cualquier tipo de discriminación. ¿Qué pasa: que los hombres no sufren? Una sociedad que aspira a caminar unida tiene que eliminar barreras que tenemos los dos sexos. Los hombres afectados por Infancia Libre, digo yo que tienen algún problema de familia".

"Obviamente que las cifras dicen que hay violencia contra la mujer. Pero no podemos dar a entender que los hombres nacen violentos y las mujeres nacen víctimas. Yo quiero una sociedad de libres e iguales. Ustedes intentan imponer un concepto único de ver la vida".

Errejón, el típico profesor maltratador

Tras el repaso recibido por Serra y Sánchez, sólo un necio habría insistido en el camino de la ideología de género. Pero Errejón es eso: un necio pagado de sí mismo. Que, además, no pudo resistir a una tentación típica de los profesores mediocres: maltratar verbalmente a los alumnos. La chulería del profesor maltratador dejó frases que avergonzaron hasta a sus "hinchas" periodísticos. Desde "usted no resiste un debate de 15 minutos" al sadismo profesoral: "A veces se traba un poco, pero lee genial". No contó con que Díaz Ayuso ni era una alumnita suya ni se iba a dejar maltratar. Y esto le contestó:

"Voy a hablar ahora de quién es usted, ya que usted me ha señalado. Usted es el político más traidor de la Historia. La debe todo a Pablo Iglesias. En el momento más difícil dice que se va porque le interesa la política madrileña. Si tan preocupado estaba por los problemas regionales, podría haber venido antes".

"Se ha quitado de en medio a Pablo Iglesias, pero no se ha quitado su pasado político".

"Ustedes decían que las huelgas se ganan con piquetes cuando defendían a 'Alfon', cuando defendía piquetes con metralla. Él es otro referente de los que tanto hablan. Su cartel acabó colgado en la universidad al lado de la cara de Otegui, dos hombres de paz".

"Lo que sabemos de usted es que empezó en una universidad pública donde destrozaron la convivencia de los estudiantes. Medraban en asociaciones para poner pancartas a los presos etarras y amedrentar a políticos que iban a dar charlas, como el escrache infame a Rosa Díez".

"Usted se incorpora a CEPS, que ha estado cobrando de Chávez y Maduro, siete millones de euros. De ahí vendría su famosa frase: 'Chávez vive, la lucha sigue'".

"Tiene las manos manchadas de dictadura y no le gusta la libertad. De eso se compone su trayectoria política".

"Muchas gracias por apiadarse de las mujeres, pero no lo necesitamos. Las mujeres queremos seguridad, empleo. Hombres y mujeres tenemos problemas muy parecidos".

Y como él siguió en plan profesor maltratador, siguió recibiendo:

"Viene aquí a sentar cátedra y a tratarme con desprecio para decirme lo que necesita la Comunidad de Madrid, cuando no sabe ni cuántos municipios tiene la Comunidad de Madrid".

"Usted acostumbra a hacer los deberes a una mujer. Y más si es del Partido Popular. (…) Su alta capacidad de comprensión no le permite entender que una política del PP le explique la realidad de Madrid".

Pero lo importante, con serlo el fondo, fue la forma: ni sonrisita, ni mano tendida, ni diálogo, ni complejitos ni complejitas. Fueron por lana y salieron trasquilados. Entraron feministrantes y salieron feninistrados. El futuro del PP pasa por asumir lo que dijo, aunque no fue más allá, Rocío Monasterio: "Representar a la España que disiente del discurso progre". Y la base más sólida del discurso progre, junto a la Memoria Histórica, es el feminismo radical, el sexismo anticonstitucional, el manadismo hembrista.

El PP se había sometido a la dictadura progre por comodidad y por maricomplejines. Y luego, por no parecer menos centrista que Ciudadanos. Así ha acabado la Derecha, hecha tres pedazos donde existe, porque hay ya una parte de España donde ni siquiera existe. Para reconstruirse, necesita, como en 1990, un discurso alternativo. Y éste pasa, hoy, por enfrentarse al feminismo radical. No hay que inventar nada. Basta decir la verdad de lo que se piensa y se siente, que es exactamente lo que hizo Isabel Díaz Ayuso. Por cierto, meritísima Presidenta de la Comunidad de Madrid.

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