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Federico Jiménez Losantos

El protectorado terrorista como política de Estado

Federico Jiménez Losantos
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Una vez más hay que subrayar la coherencia de Carod Rovira, popularmente conocido como Rovireche, al plantearle al PSOE las fórmulas básicas de asociación que ya rigen en Cataluña y aspira a extender al resto de España, al menos mientras de España quede algún resto. El héroe de Perpiñán ha recordado en el País Vasco, precisamente donde más muertos han provocado sus contertulios etarras, que Zapatero se comprometió públicamente a aceptar cualquier reforma del Estatuto que saliera del Parlamento catalán, aunque supusiera cargarse la Constitución. Y espera que cumpla su palabra.
 
También ha recordado el caudillo separatista catalán que el Plan Ibarreche significa sustancialmente lo mismo que el Gobierno Tripartito de Cataluña, de forma que no resulta coherente ni lógico que el PSOE se oponga a él. Una aclaración que nos exime de insistir en lo que está a la vista de todos: que lo que pretenden Maragall y sus aliados es lo mismo que pretenden el PNV y los suyos: cargarse la Constitución precisamente en su piedra angular: que la soberanía reside en la nación española, “única e indivisible”, y en el pueblo español como sujeto político, que es justamente lo que tratan de fragmentar, pulverizar y sustituir Ibarreches y Rovireches en la Ley de Leyes.
 
De paso, Carod se ha jactado de reunirse con Otegui, el líder de lo que el Supremo considera una facción de ETA y por eso mismo ha ilegalizado, mientras no ha visto a nadie del PP porque “no tiene el gusto de conocer a ninguno”. Eso honra al PP, porque a los terroristas ya los conoce a todos y a sus cómplices también. Pero Carod, como la ETA, es coherente. Ahora que se acerca la investidura de Zapatero, el que tiene que aclararse de una vez es el PSOE. La propuesta de los separatistas a sus socios está clara: el protectorado terrorista (con ETA; con los “países árabes”, dicen ahora para referirse obviamente al terrorismo islámico) como política de Estado. Lo malo es que todo lo que ha hecho Zapatero desde el 11-M y, sobre todo, desde el 14-M apunta en esa misma dirección. Y cada vez tiene menos tiempo para rectificar.
 

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