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Federico Jiménez Losantos

El que sobra es Bacigalupo

Federico Jiménez Losantos
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La justicia tardía no es justicia y lo que lleva padeciendo el juez Gómez de Liaño desde hace mucho tiempo es algo más y algo peor que una injusticia. Es el atropello más descarado al espíritu y a la letra de las leyes que se ha cometido en España en el último cuarto de siglo, acaso con una excepción: la absolución sin juicio de Felipe González por el Caso Lasa y Zabala de los GAL –casualmente instruído por Liaño– a manos, entre otros, del juez del Supremo Enrique Bacigalupo. Casualmente, el mismo juez que también resultó decisivo para la condena de Liaño por un supuesto delito de prevaricación que sólo pudo cometer en su intención, ya que ni siquiera instruyó el caso Sogecable. Pero Polanco pedía un escarmiento y Bacigalupo se lo sirvió en bandeja. Con la complicidad del Consejo del Poder Judicial que, en su línea, no sería extraño que añadiera algún obstáculo técnico a lo que objetivamente limita su continuada fechoría contra Liaño. Pero cuanto más haga, peor. Más retratado y degradado quedará ante la opinión pública, si es que todavía le importa fingir respeto a quien le paga el sueldo.

Restaurado no el honor –que nunca pudieron quitarle– sino la función y el empleo de la víctima, el juez Liaño, es hora de ocuparnos del verdugo. Resulta inadmisible que después de lo que hemos sabido sobre el juez argentino, aparentemente avecindado en España pero que seguía a sueldo –y qué sueldo– de su país de origen, este señor siga ocupando un lugar de la máxima importancia en el máximo tribunal de nuestro país. Es intolerable que un sujeto que ha mentido sobre su “pensión de privilegio” argentina –dijo en el órgano polanquista que había renunciado a ella y seguía cobrando–, que ha mentido sobre su cátedra universitaria –sólo fue catedrático siete horas y no dio una sola clase– y que no ha dicho esta boca es mía sobre sus obligaciones fiscales en todos estos años en que ha cobrado de dos países sin advertírselo a ninguno de los dos siga nada menos que en la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo. Lo de Liaño bastaría para que moralmente fuera... lo que es. Pero lo del sueldo peronista y lo de no pagar a Hacienda lo descalifica absolutamente para seguir ocupando el lugar que ocupa. Vuelve al fin el juez Liaño, que nunca debió irse. Debe irse Bacigalupo, que nunca debió llegar.

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