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Federico Jiménez Losantos

El tripartito tripartido y deslegitimado

El desaforado Estatuto, que tan displicente y cómodamente dio por imposible el PPC de Piqué, salió adelante contando con que ya lo recortarían en Madrid, pero resulta que Zapatero no se dedicó a su poda sino a su abono

Federico Jiménez Losantos
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Dígase lo que se diga, la Historia no juzga nada y a los historiadores ya los conocemos: hay de todo, como en botica. Pero si los "botiguers" de la historiografía nacionalista juzgaran con un mínimo de rigor el desastre político catalán y español que está desarrollándose ante los ojos pero a espaldas de la ciudadanía, deberían escribir sus crónicas a solas para evitar el rubor intelectual que produce el espectáculo. Nunca en nombre de la libertad de los pueblos se despreció tanto a un pueblo o, si se quiere, a dos: al español y, dentro de él, al catalán.
 
Nadie quería un nuevo Estatuto de Autonomía en Cataluña salvo la casta dirigente político-mediático-empresarial nacionalista para mandar todavía más y aún con menos control. Pero precisamente porque no había nadie vigilando un proyecto que era simple ambición de poder (de mantenerlo por parte del tripartito PSC-ERC-IC y de acrecentarlo por parte del nacionalismo en general), el proceso ciego de un Estatuto de máximos se desarrolló entre la complacencia aldeana y la indiferencia lejana, entre la lerda artificialidad barcelonesa y la estúpida naturalidad madrileña con que Gobierno y oposición suelen desentenderse de todo lo que pasa en la España profunda lejos del disfrute presente o soñado de la Moncloa. El desaforado Estatuto, que tan displicente y cómodamente dio por imposible el PPC de Piqué, salió adelante contando con que ya lo recortarían en Madrid, pero resulta que Zapatero no se dedicó a su poda sino a su abono, para así cambiar la alianza de ERC por la de CiU y dar a luz un nuevo régimen al estilo mexicano en el que el PP nunca pudiera ser alternativa al PSOE y sus aliados de plomo vasco reconvertido y oro catalán gasificado.
 
Pero el reconocimiento de hecho de la soberanía del Parlamento catalán no ha sido suficiente para el separatismo radical de ERC, que ha forzado a sus dirigentes a tomarse en serio su propia demagogia y pedir el "no" al Estatuto. Maragall se ha quedado a solas con Carod Rovira en los umbrosos y cacofónicos pasillos del poder, a solas con la gestión de un monstruo que ya ha devorado a España y que difícilmente va a aprovechar a ninguna fuerza política catalana, ni siquiera nacionalista. Tiene toda la razón Piqué al pedir que Maragall eche a la Esquerra de un Gobierno que pide el "sí", pero donde representa a un partido que pide el "no". También tiene razón en pedir que se anule la campaña ilegal sobre el referéndum protagonizada por un Gobierno legal pero ilegítimo, en contra de dos de los cinco partidos catalanes con representación parlamentaria. Si no fuera La Tragedia de los Tontos sería La Conjura de los Necios.

Director de Es la Mañana de Federico.

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