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Federico Jiménez Losantos

El verdadero rostro del separatismo

Federico Jiménez Losantos
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Ya no hace falta preguntar, ni siquiera retóricamente, de qué hablaron Carod Rovira y los jefes de ETA en Perpiñán. Lo hemos leído. Tampoco falta mucho para que sepamos qué ofreció el secretario general de ERC a los etarras a cambio de no manchar de sangre las aceras de Cataluña: lo veremos inmediatamente después de las elecciones generales. No es preciso indagar hasta dónde está dispuesto a aguantar Maragall con tal de no perder el sillón: cualquier cosa, lo que sea, por muy vil que parezca. Y tampoco hay que aguardar ni un día más un ataque de vergüenza personal o política de Rodríguez Zapatero: si no se ha producido ahora, ya no se producirá jamás.
 
Zapatero ha tenido la última ocasión de reivindicarse como líder nacional español, urgiendo a Maragall a echar a ERC del Gobierno catalán so pena de romper toda relación con los actuales dirigentes del PSC y con el partido mismo mientras no cambie de política. No lo ha hecho, a la espera de que la SER le eche la culpa al PP de lo que hacen sus socios. Pero es inútil. ERC ha adoptado claramente a ETA como aliado estratégico. Mientras el PSC no rompa con ERC, comparte los dudosos beneficios de la discriminación en el crimen. Pero como ni Maragall ni Montilla creen en España, ni en nada parecido a un partido llamado PSOE, ni en el Pacto Antiterrorista, ni en nada parecido a una mínima fraternidad o solidaridad nacional, seguirán con Carod Rovira y acabarán vendiendo en voz baja el éxito del nacionalismo catalán de izquierdas que ha demostrado lo que puede el diálogo: que ETA mate en Huesca pero no en Lérida. Eso que le deberán a la eficacia de la Policía Nacional y la Guardia Civil.
 
La opinión pública española no ha podido ver con mayor claridad el verdadero rostro del separatismo: “que maten a éstos, que yo no tengo nada que ver con ellos”. O esta otra versión: “no tendré nada que ver con ellos, a ver si así no me matan”. Lo primero es el punto de partida del separatismo catalán. Lo segundo, el punto de llegada del separatismo vasco. Carod Rovira dijo en el Avui en 1991 que “si ETA quería atentar contra España, debería mirar primero el mapa”. Ya ha leído y oído a Carod; y ha obrado en consecuencia. Porque los etarras son consecuentes. Lo que no es consecuente es ir de demócratas del brazo de los criminales. Ni de socios de esos miserables. Pocas veces se ha visto con tan cegadora claridad cuál es el gran problema de España. Pocas veces se ha visto también cuántos políticos son incapaces de afrontarlo. Es de desear que los votantes obren en consecuencia y voten al único partido nacional y decente que nos queda. Pero no hay milagros: la verdadera batalla contra el separatismo, unido más que nunca tras los pistoleros etarras, empezará el 15 de marzo. Es decir: continuará.
 

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