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Federico Jiménez Losantos

Euroaznar tiene problemas

Federico Jiménez Losantos
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Aznar es el único líder de la derecha europea con buen cartel y sólida trastienda de poder. Sólo tiene un pero: que renuncia a disputar la Moncloa en 2004 y por tanto se despedirá en la presidencia española de la UE, en el primer semestre de 2002. Y lo que podía haber sido una despedida "en beauté", con todos colaborando en el partido y el saludo de homenaje desde el centro del campo político, puede quedar deslucida por la realidad: esa desagradable aguafiestas de todos los sueños políticos.

La imagen publicada por "ABC" de un Aznar conteniendo a duras penas la irritación facial ante las explicaciones del insulso trapisondista Jacques Chirac, que respaldaba el sabotaje francés a las propuestas españolas de liberalización energética, con la inapreciable ayuda de Schröder, es un adelanto de los redoblados esfuerzos de facialidad pétrea y de las dosis de quina que tendrá que embaularse Aznar para conseguir algo en el 2002. Aparte del contencioso gibraltareño, donde Blair promete pero, de momento, nada, Schröder parece haber encontrado en Jospin un socio suficientemente débil para renegociar la PAC a cambio de no entrar en los sectores energéticos. O sea, lo peor para España. Por cierto, que viendo la perdurable inquina de Aznar a la entrada del monopolio de EDF en el sector eléctrico español, queda aún más a la vista el fracaso de la unión Endesa-Iberdrola.

Aznar puede tener que elegir una presidencia para quedar bien él, a cambio de que España ceda en muchas cosas, o una negociación a cara de perro para salvar algo de ese proyecto europeo liberal y competitivo que es su divisa política y que pasa por la liberalización de los sectores estratégicos. González vendía barata su popularidad europea a cuenta de cesiones nacionales, siempre aplaudidas. Aznar ha huído de esa tentación, salvo en el caso británico, donde Blair le ha hecho enredarse demasiado por pura imagen personal. Pero el año que viene, el año del euro, nuestro euroaznar tendrá ante sí la tentación más difícil de su vida. Si no hubiera elecciones en Francia, apostaríamos por su triunfo político y la conservación de su virtud ideológica. Con las urnas abiertas en Francia, y la sucesión más abierta aún en España, Aznar va a tener que seguir la arenga de Cromwell: "¡rezad lo que sepáis y mantened seca la pólvora!".

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