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Federico Jiménez Losantos

Fraga le permite a Aznar cambiarlo todo... menos Galicia

Federico Jiménez Losantos
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La cuarta mayoría absoluta de Fraga tiene todas las lecturas negativas que autorice la aritmética, pero por encima de los porcentajes y votos perdidos se sitúa lo que demuestra la política: una victoria aplastante del renovado presidente de la Junta de Galicia sobre todos los obstáculos políticos, los particulares y los generales, los políticos y los biológicos. Y ese aspecto no es simplemente positivo; permite incluso la euforia de la Derecha en Galicia. Fraga, como dice hoy nuestro editorial, no sólo puede medirse ya consigo mismo sino con el mismísimo Adenauer, “Der Alte”. Seguirá en política el tiempo que quiera y, con permiso de los electores, estará en el Poder el tiempo que le parezca en función de sus facultades, que, por lo que yo pude comprobar personalmente el último día de la campaña, son casi inhumanas.

Pero con el buen sabor de boca de este resultado electoral, Aznar tiene además una oportunidad dorada para realizar todos los cambios que su Gobierno precisa y que el sentido común y su propio sentido de la supervivencia política demandan. Cambios en el Gobierno, sacando fuera a los ministros quemados y amortizados; cambios en la organización de Presidencia, que oscila entre el oscurantismo y la parálisis; cambios en la forma de comunicarse con la opinión pública, que se parece horriblemente a la del felipismo tardío; cambios, en fin, dentro de la propia estructura del PP, que en el próximo congreso debería despejar todas las dudas sobre el porvenir del Partido y del Gobierno, unidos en la persona de Aznar y sujetos a la incógnita sobre su futuro. Salvo Galicia, Aznar tiene la oportunidad de cambiarlo todo, de reformarlo todo, de sanearlo todo, de romper con esa irritante autocomplacencia en que se instaló el PP tras la Mayoría Absoluta y que, tras el soponcio de las elecciones vascas, se ha instalado en la arterioesclerosis política tras el Caso Gescartera. Que, por cierto, continúa. Rato y Montoro pueden demostrar en las próximas horas que lo que mal anda, peor acaba. Y si no acaba, mucho peor.

El viejo “patrón” de la Derecha española sigue ganado batallas y, además, no está muerto. A decir verdad, parecen mucho más muertos o por lo menos paralíticos los que con la mitad de años y la cuarta parte de batallas reñidas disfrutan tanto con el Poder, se entretienen tanto mirándose al espejo, que no piensan en que la política, como la vida, o es renovación o deja de ser. Es posible que Aznar baje de la nube y acometa los cambios necesarios incluso para su retirada temporal al Aventino. Pero visto el comportamiento del Gobierno en los últimos meses, singularmente en el Caso Gescartera, no parece demasiado probable. Más fácil no lo va a tener. Galicia no hay más que una.

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