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Federico Jiménez Losantos

German Yanke y la dictadura nacionalista

Federico Jiménez Losantos
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La presentación del último libro de Germán Yanke Euskal Herria, hora cero. La dictadura de Ibarreche, además de suponer un emocionante acto cívico en la Casa de América, me confirmó en la tesis de que uno de los rasgos distintivos del nacionalismo antiespañol frente a los españoles antinacionalistas es que ellos carecen por completo de lo único que realmente nos sobra: sentido del humor. El libro versa sobre ese inminente proyecto totalitario de Ibarreche que, si los españoles amigos de la libertad no lo remedian, acabará con el Estado nacional y constitucional. Y tiene en cada uno de sus breves capítulos una estampa de la vida cotidiana tras el triunfo del separatismo bizcaitarra y un análisis de las razones de fondo que han llevado a esa tragedia individual y a esa ruina colectiva. Hay un humor sutil y forzosamente negro en los cuadros costumbristas de esa dictadura nacionalista en ciernes a la que le falta sólo el último capítulo de la tragedia, el que ojalá nunca se escriba, pero también hay pena y melancolía, un lamento de la razón ante los monstruos que, cuando la razón no se defiende, acaban devorándola.

Creo que el libro de Germán Yanke, además de un logro literario indiscutible, contiene los dos ingredientes necesarios para vencer al totalitarismo: la razón y la voluntad de defenderla contra los fanáticos liberticidas y frente a los frívolos dispuestos a pagar el chantaje de la comodidad aunque suponga la fuente de infinitos crímenes futuros. Las dos especies son abundantes en España: los ibarreches y los miñones, los tussellones y los pujolines. O lo que es lo mismo: los maragállidos y los piquétidos. El nacionalismo antiespañol está interiorizado entre sus víctimas y legitimado por ellas mismas. Libros como éste ayudan a ver de frente al enemigo político e intelectual. Y el que lo lea, mirará.


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