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Federico Jiménez Losantos

¿Gran enemigo o gran coartada?

Federico Jiménez Losantos
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Dos millones más de franceses, que no lo habían hecho en la primera vuelta, votaron ayer a Jean Marie Le Pen. Y lo hicieron pese a una movilización tan aparatosa como grotesca de una clase política y unos medios de comunicación en la que todos han querido sentirse héroes de guardarropía... por una noche. Pero este lunes saldrá el sol, aunque no se vea demasiado por las nubes bajas y la amenaza de tormenta. Ya se ha derrotado a Le Pen, abrumadoramente, dicen. Formidable victoria de la V República en bloque contra un candidato que nunca pensó en ganar. ¿O acaso pensaba alguien en una victoria de Le Pen? No, ni siquiera el propio Le Pen. ¿Ha bajado su porcentaje de votos? Aparentemente, sí, un poco, por la altísima participación registrada. Pero en términos absolutos Le Pen no ha bajado sino que ha subido. En apenas quince días ha rebañado un 20% más de votos. A expensas de un escrutinio definitivo, cerca de seis millones han votado ya, muchos por primera vez, a Jean Marie Le Pen y todo lo que significa. Si eso es una victoria de la República, más le valdría ir cosechando alguna derrota, para sobrevivir.

Dentro de un mes, el 9 de Junio, ya no cabrá el fácil recurso de “todos contra Le Pen”. La derecha fragmentada y la izquierda hecha pedazos acudirá a las urnas con toda su desunión y todos sus casos de corrupción a cuestas. En este mes, con Raffarin o cualquier otro candidato de entretiempo, Chirac habrá mostrado la esencial continuidad de ese sistema de “cohabitación” que ha alcanzado el paroxismo cuantitativo en su clamorosa votación presidencial pero que volverá a su misérrima expresión cualitativa en apenas cinco semanas. Y que en sólo siete, cuando la segunda vuelta, aventará hasta las últimas pavesas de “unidad republicana contra Le Pen”. ¿O es que van a renunciar los socialistas a los puestos que ganen gracias a la presentación de los candidatos lepenistas contra los de la derecha democrática? Tampoco va a renunciar el socialismo francés al apoyo tácito o expreso de una extrema izquierda que comparte el 90% de su programa antisistema con la extrema derecha, pero con la que el PSF comparte una “sensibilidad” común, esa que va y viene del Presupuesto a Bové, y de Porto Alegre a Le Monde Diplomatique.

Sin autocrítica sobre la corrupción partidista, sin relevo generacional en la clase dirigente, sin despolitización e independencia de la Justicia, sin un planteamiento nuevo, claro y contundente del problema de la inseguridad, inseparable, dígase lo que se diga, del de la inmigración ilegal, todas las fuerzas políticas francesas parecen conspirar para favorecer al que llaman su gran enemigo, que está resultando ser su gran coartada.

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