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Federico Jiménez Losantos

Hoy, moción de censura en Cataluña contra Casado

Hoy se vota en Cataluña, y el fruto de aquel discurso de hace poco más de cien días lo conoceremos esta noche.

Federico Jiménez Losantos
Hoy se vota en Cataluña, y el fruto de aquel discurso de hace poco más de cien días lo conoceremos esta noche.
Pablo Casado en la entrevista en RAC 1 | Twitter RAC 1

Hace poco más de tres meses, el 22 de octubre, en la moción de censura contra Sánchez, Pablo Casado hizo un discurso de ruptura total con Vox y de feroz descalificación personal contra su líder, Santiago Abascal. Casado definió la moción como “un acto de la precampaña catalana” que “le iba a salir por la culata”. Hoy se vota en Cataluña, y el fruto de aquel discurso de hace poco más de cien días lo conoceremos esta noche. Dicen las encuestas que el vaticinio de Casado, tan aplaudido por los que nunca votaron al PP, puede cumplirse al revés. Hoy se vota aquel discurso de Casado. Hoy las urnas mostrarán lo que opinan sobre Vox y sobre su PP.   

Por encima del resultado, está el hecho de que ese 22 de octubre Casado rompió de forma deliberada la relación con Vox, que le había facilitado todo el poder territorial que aún administra, y la posibilidad de forjar un frente común contra el proyecto social-comunista de liquidar el orden constitucional por su base, la unidad nacional, y la cúpula, la Corona. Casado dijo que Abascal era parte indisociable de ese peligro. Hoy, los que más y desde hace más tiempo lo padecen, dirán si Casado les sirve para combatirlo o, por el contrario, si su PP les parece inútil ante tal amenaza. 

Las frases con que Casado retó a Abascal

 Visto en perspectiva, el discurso de Casado contra Abascal, y del PP contra Vox, obedecía a una estrategia que conducía precisamente a la cita electoral de hoy. Comenzó con el linchamiento de Cayetana por los siervos mediáticos de Génova, prosiguió por la ruptura estrepitosa con Vox -muy probablemente, esperando que Abascal rompiera los gobiernos de Madrid y Andalucía y apartara de todo liderazgo en el PP a Ayuso y Moreno Bonilla, para concluir en lo que entonces se daba como una victoria cómoda del PP catalán frente al candidato Garriga al que, efectivamente, Abascal, quiso dar el protagonismo mediático que se niega a Vox cediéndole el discurso primero -y mejor- de una moción de desgaste, no de censura, que Casado pudo ganar con una abstención, como pedían muchos en la derecha. No lo hizo por puro cálculo personal, y si hoy fracasa, habrá fracasado él, no el PP ni Alejandro Fernández, que ha acabado tan desquiciado como su jefe. 

Pero repasemos esas frases que, salvo propósito sincero y público de enmienda, que me sorprendería, pueden servir de epitafio a Casado y con las que él pensó enterrar, precisamente esta noche, a Abascal y a Vox: 

"Esta moción no la dispara contra el Gobierno, sino contra el partido que le ha dado trabajo quince años, y lamento decirle que el tiro le ha salido por la culata". (…) Es la hora de poner las cartas boca arriba. Hasta aquí hemos llegado".  

 

"Señor Abascal, usted no da ninguna batalla por las ideas. Usted tiene como única idea la de arrastrar a los españoles a una batalla. Igual que Sánchez e igual que sus socios, forma parte de este desgarro nacional" (…) "para enfrentar a la sociedad, para hacer imposible la convivencia". 

 

Pensaba que no sería necesario hacer esta aclaración dada su trayectoria laboral, pero, llegados a este punto, me temo que es imprescindible". (…)  Señor Abascal, no es que no nos atrevamos, no es que nos hayamos rendido, no es que seamos cobardes, lo que ocurre es que no queremos ser como usted". 

 "El Partido Popular es nuestro partido, pero no es nuestra patria. Nuestra patria es España y por nuestra patria este partido, que usted conoce bien y que a usted le conoce muy bien, ha pagado un tributo de sangre, que ahora pisotean personas como ustedes. No sé cuál es su idea de patriotismo, pero yo no lo concibo como un insulto a los que dan su vida por la libertad de todos, especialmente cuando han sido tus compañeros". 

 

 "Van ustedes de nueva política, pero usted ya tenía cargo público cuando yo estaba en el colegio y alguno de sus diputados ya tenía escaño aquí el año en que yo nací. (...) Déjeme decirle algo: los insultos, los suyos y los de cualquiera, los aguantaremos, como aguantamos el terrorismo, los escraches y el cordón sanitario, por la libertad y por España, y en mi caso, créanme, lo hago con una profunda decepción personal". (…)  

 

"Señor Abascal, no le gustamos. Perfecto, entendido. Usted a nosotros tampoco. Usted ya es parte del problema de España y no puede ser parte de la solución que mi partido representa" (…)   

"Señor Abascal, usted ha debilitado gravemente la línea de defensa de la nación española, que no estaba en episodios remotos de nuestra historia, sino en las puertas de los colegios electorales hace apenas unos meses. Usted llamó a romper filas, pero nosotros seguiremos reclutando sueños y esperanzas para los españoles sin ustedes. (…)  

La distancia entre su ambición y su patriotismo es demasiado grande como para recorrerla con esta moción trampa. Esto se parece más bien al patético final en Escalona del ciego de El Lazarillo de Tormes. Alguien le ha dicho que salte lo más lejos posible y se ha dado de bruces con el muro de la realidad.” 

La realidad, la cobardía y el respeto al PP 

El muro de la realidad, que en el Lazarillo es columna tras un charco, son los votos de los que alardeó en ese discurso que quiso ser de fundación del casadismo y que podría ser el de su defunción, si no como presidente, porque huye del preceptivo congreso, sí como centro que lograría la tercera mayoría absoluta equidistando de la derecha -Vox- y de la izquierda -el Gobierno socialcomunista, el partido de la ETA y el golpismo catalán. El discurso de Casado en Octubre fue como el de Illa o el de Chamberlain: “traigo la paz”. Pero el de su campaña catalana ha sido el de la cobarde negación de la historia del PP que hace cien días le reprochaba a Abascal. 

Aunque el acto que resume toda la claudicación de los principios de los que presumía en octubre fue la entrevista en la radio separatista RAC1, Casado la inició con una entrevista en La Vanguardia y un discurso ante los empresarios que fueron la negación del que Cayetana Álvarez de Toledo había hecho en las pasadas elecciones generales, culpando a la burguesía de haber financiado el golpe de Estado y de inhibirse de sus responsabilidades a cambio de la paz mediática y el dinero público que otorga la Generalidad. 

Decir que el PP “quiere ser parte de la solución y no del problema” y que las cargas policiales el 1-O “nunca debieron producirse” es lo mismo. Lo primero, es renegar de aquel Casado que ganó el congreso del partido contra Soraya y Rajoy. Lo segundo, es renegar hasta de Rajoy y de Soraya. En ambos casos, pruebas de esa cobardía que tanto le ha reprochado Vox, estamos ante alguien que, en aras de un proyecto personal o de cuadrilla, reniega de la historia de su partido, o sea, de sus antecedentes laborales, exponiéndose a que cualquiera de los que él dijo querer derrotar le diga lo de “este partido que usted conoce bien y que a usted le conoce muy bien”, para finalmente concluir: “y entre Abascal y usted, preferimos a Abascal”. 

Mañana hay que empezar la reconstrucción 

No quiero extenderme más, ni siquiera en lo que respecta a la guerra que, tras echar a Cayetana y romper con Abascal, emprendió Casado contra el grupo Libertad Digital. Mañana debemos empezar a pegar los platos rotos de Casado en octubre. Y no veo pegamento suficiente. Pero que no quede por los que tememos que, con la derecha rota, la Izquierda podrá acometer más fácilmente la destrucción de España. Pongámoselo difícil.  

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