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Federico Jiménez Losantos

Ibarreche y Madrazo, en evidencia

Federico Jiménez Losantos
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Un muchacho que iba al fútbol junto a su padre no volverá a hacerlo nunca más. Quizás no vuelva nunca ya a La Romareda, a ver jugar a su equipo, el Real Zaragoza, porque cada vez que fuera, se acordaría de aquella tarde mayo en que su padre fue asesinado ante sus propios ojos asombrados por unos desalmados etarras. Nada volverá a ser igual para él, ni para su madre, ni para su familia. Nada será igual para los aragoneses del PP. Pero todo seguirá siendo igual para los que acuden a estas elecciones vascas del brazo de ETA, como comparsas del Pacto de Estella. Ibarreche seguirá haciendo campaña contra el PP y Madrazo seguirá haciendo campaña contra el PP. El partido de las víctimas de ETA seguirá siendo el que, según ellos, trae el odio y el enfrentamiento civil a ese paraíso donde mandan los etarras y regentan el terror los otros nacionalistas, los cofrades de ETA en Estella, con Arzallus a la cabeza, Ibarreche en medio y Madrazo a la cola.

Ellos no matan, dicen. ¿No matan? Hay muchas formas de colaborar en un asesinato. Su campaña se limita a denigrar, insultar y despreciar al partido de las víctimas, el PP, al que hacen culpable de todos los males pasados, presentes y futuros del País Vasco. El PNV, EA y ese apéndice grotesco de ambos en que se ha convertido Izquierda Unida hacen la misma campaña, exactamente la misma, que los pseudopolíticos que representan a la banda etarra en los comicios, mientras no ordene otra cosa. Arzallus, Garaicoechea, Ibarreche, Knorr, Llamazares, Anguita y Madrazo han hecho en esta campaña, como siempre pero más descaradamente, el trabajo sucio de ETA: justificar sus crímenes calumniando a las víctimas del terrorismo en vez de defenderlas. Y González hace tres días y Zapatero anteayer, presentando al partido de los mártires por la libertad como el enemigo público número uno.

Estos cómplices directos o indirectos del terrorismo han quedado en evidencia con este nuevo asesinato a pie de urna. Cursarán en voz baja condolencias ficticias o dirán abiertamente que esos crímenes favorecen al PP, porque esa vileza se ha hecho ya habitual en el nacionalismo llamado democrático y moderado. En realidad, ni una cosa ni la otra. Simplemente cómplice. El día 13 también se vota a favor o en contra de los asesinos de Giménez Abad, el padre de ese muchacho aragonés que no volverá a ir más al fútbol. Ni siquiera a ver al Zaragoza, una tarde de mayo.

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