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Federico Jiménez Losantos

Iberia, muy mal; el SEPLA, fatal; el Gobierno, todavía peor

Federico Jiménez Losantos
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Como si todo lo malo hecho en Iberia durante los últimos años pudiera resumirse en una sola noche, ahí queda el esperpento de la jornada, cuyo hito esencial fue la súbita suspensión de vuelos a las 00.00, anunciada por sorpresa tres horas antes y justificada por otro chantaje del SEPLA: 99 dimisiones de los pilotos responsables del control de operaciones, que según la compañía no permitían garantizar la seguridad de los pasajeros.

Parecía un argumento extremo pero relativamente sólido... hasta que Iberia decidió reanudar la actividad normal cinco horas y media más tarde, supuestamente por haber recibido más de cien cartas de pilotos garantizando la seguridad en los vuelos. En realidad, porque el Gobierno, que hasta entonces seguía la nueva política de “quemarse” poco y no enterarse de nada, no tuvo más remedio que actuar, amenazó a Iberia con el fuego del Infierno y la compañía se arrepintió. El daño a los viajeros, a la compañía y al sector turístico ya está hecho. Iberia ha quedado muy mal; el SEPLA, como de costumbre, fatal; y el Gobierno, todavía peor.

El SEPLA es un cáncer de Iberia que la compañía no tiene más remedio que extirpar si quiere subsistir. El sindicato de pilotos, incomprensible sin el eterno monopolio de la compañía aérea de bandera, a cuya sombra ha adquirido un poder exorbitante, da la impresión de vivir en un mundo aparte, ajeno al común ajetreo de los mortales que al comprar un billete de avión, por el precio que le dicen, pretenden tan sólo que les lleve al sitio contratado. Es imposible que en algo no tengan razón los pilotos, pero han conseguido que nadie esté dispuesto a dársela. Concitan la animadversión universal. Y no por astucia de la compañía, como dicen ellos, sino por su propia soberbia, su incapacidad de diálogo con la sociedad y su desvergonzada irresponsabilidad.

Pero el comportamiento de la compañía en la noche de autos prueba que la irresponsabilidad y la chulería son contagiosas. La decisión de suspender los vuelos es digna de Celia Villalobos; con eso está dicho casi todo. Excepto que el Gobierno, otra vez, ha mostrado una incapacidad de coordinación y de actuación verdaderamente escandalosa.

Todo indica que Cascos y Aparicio, el Ministro Amianto y el Ministro Teflón, han estado templando gaitas con las dos partes, sin actuar para no “quemarse”, y contribuyendo decisivamente al estallido del caos. Aunque parezca increíble, es probable que se enterasen de la suspensión de vuelos por la radio, tardaron tres horas en reaccionar y finalmente han salido haciendo lo que hasta la víspera se negaban a hacer: el arbitraje obligatorio. ¿Por qué no antes?

Como esto no arregla nada, preparémonos para una semana en la que todos tienen que dar muchas explicaciones: Iberia, el SEPLA y, por supuesto, el Gobierno. El turismo español, nuestra primera industria y fuente de bienestar, está en sus manos. A la vista de los hechos, todo pavor está justificado. Toda exigencia, también.


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