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Federico Jiménez Losantos

Iglesias inventa el Gobierno en cómodos plazos, y Rivera, el de rebote

Si Iglesias quiere llegar al Gobierno ofreciendo el pago en cómodos plazos, Rivera pretende llegar a la Moncloa de rebote y en tres paredes, cuando ya no se juega al pádel del PP sino al frontón del PSOE.

Federico Jiménez Losantos
Si Iglesias quiere llegar al Gobierno ofreciendo el pago en cómodos plazos, Rivera pretende llegar a la Moncloa de rebote y en tres paredes, cuando ya no se juega al pádel del PP sino al frontón del PSOE.
Pablo Iglesias y Albert Rivera en el Congreso. | EFE

Vivimos los minutos de la basura, casi descontada la cita electoral, pero en materia de invenciones, soluciones imposibles y engañifas a granel, asistimos a sucesos extraordinarios. Lo más llamativo en el orden de las ocurrencias, no se sabe si para despistar al enemigo o a la opinión pública, es lo que Pablo Iglesias ofreció a Sánchez en los diez minutos de teléfono que al final consiguió: formar un gobierno a prueba hasta los Presupuestos Generales del Estado, y si para entonces se había demostrado su ineficacia, se disolvería y tan amigos, o sea, tan enemigos; pero si funcionaba -nadie sabe quién lo decidiría o con qué criterio- seguirían juntitos y en coalición.

Desprotección de la esposa a prueba

Yo de la Erudita de Galapagar, me mosquearía. La unión a prueba es una institución matrimonial de algunas tribus de Oceanía, y consiste en disfrutar del sexo y la convivencia, a veces hasta la procreación, sin firmar ante el brujo y la asamblea ningún compromiso matrimonial. Al principio, se quiso interpretar como un alarde de libertad sexual sin afán posesivo, pero estudios posteriores aclaran que en la unión a prueba todas las bazas están de parte del hombre, que prueba la satisfacción sexual que le produce la mujer y su capacidad de procrear, sin ratificar un compromiso y pasando a otra UTE (Unión Temporal Extramatrimonial). Cuando ni la fertilidad es suficiente, la madre queda a cargo de la criatura, sola o con la tribu, y si también puede evitar un marido desagradable, ella y la criatura quedan sin protección material. El triunfo del cristianismo en Roma como "religión de mujeres" se basó en asegurar la monogamia y la legitimidad de los hijos. El matrimonio político a prueba, sería, pues, un feo precedente para el civil.

Por otra parte, esta improvisación del Marqués de Galapagar debería también preocupar a su cultísima consorte, porque sugiere una voluntad de no dejar el cargo y seguir su camino solo, como cuando era Pablenin de Titania. Si, como hizo creer a tantos, acaso a ella misma, Iglesias pensaba dejar Podemos en manos de su cultísima esposa, estas ocurrencias llamadas a cosechar el rechazo y la mofa de Sánchez, su apetecido cónyuge, acaban con todo protagonismo en Podemos que no sea el del Líder. La del partido morado habría sido una sucesión a prueba. Otra pista que delata a Iglesias es que Podemos pidió ayer la creación de un "organismo" para acoger a mujeres "indígenas" desplazadas por el "cambio climático". Suena fatal.

A la Moncloa, de rebote y sin plazos

Si la estrategia de Iglesias es la de llegar al Gobierno como sea -anteayer por asalto; ayer, rechazando al PSOE; hoy, abrazándose a él- la de Albert Rivera es aún más difícil de desentrañar, porque todos los elementos en que se basa han sido, hasta ahora, desmentidos por la realidad electoral. Todo iba bien en las encuestas hasta que tropezó y finalmente cayó Rajoy. En el tropezón, Cs le asistió para que no cayese del todo, y lo mantuvo en el Gobierno, a cambio de promesas de regeneración que jamás cumplió.

Ciudadanos iba primero en todas las encuestas cuando se produjo la corrupta sentencia condenatoria de Rajoy. Y le faltó tiempo a Rivera para decir que aquella línea prevaricadora del juez De Prada, amigo de Garzón y los bildutarras, marcaba "un antes y un después" en la relación de Cs y PP. Lo que no sospechó es que lo que en él era un farol, en el PSOE era parte de un pacto con la purria separatista y la horda podemita para echar a Rajoy mediante una moción de censura. Cuando la anunciaron se quedó sin sitio, sin discurso y se esfumó como alternativa de Gobierno, hasta ahora mismo.

La caída de Rajoy arrastró la de las "niñas ashishinas", Soraya y Cospedal, que compitieron por sucederle. Entonces apareció Casado y la pugna quedó entre Soraya, con el apoyo directo de Rajoy y todo el aparato, salvo Cospedal, que apoyó a Casado contra su enemiga… y la hizo perder. Eso fue unos meses después de la caída de Rajoy, y si hasta entonces era verosímil que el voto del PP se pasara a Rivera como alternativa al PSOE, desde entonces se fue frenando esa traslación por exasperación.

En las generales de abril, Casado recibió la patada destinada a Rajoy, pero desde entonces el PP ha ido recuperando poco a poco su perfil de alternativa de Gobierno, mientras Rivera se enrocaba en su estrategia de sustituir al PP en vez de complementar al PSOE -o intentarlo al menos- para evitar que estuviera en manos de los comunistas y los separatistas. La convicción de que Sánchez tenía hecho, desde la investidura, un acuerdo de Gobierno con Podemos, respaldado por el PNV, ERC y demás pandilla, le llevó a asegurar durante la Investidura que "la banda de Sánchez" pactaba ya sillones tras la puerta del Salón de Plenos, en la "habitación del pánico".

No había "habitación del pánico"

Lo malo fue que al día siguiente se demostró que no había tal pacto. Y en vez de cambiar su estrategia, Rivera se enrocó e insiste en lo mismo, le tocó mucho las narices al PP para formar gobierno en Madrid y Murcia, y sigue empeñado en presentarse como alternativa a la izquierda, no se sabe con qué escaños, ni qué alianzas, ni qué programa, ni con qué relación con Vox, ineludible tercera pieza del electorado "a la derecha de la izquierda".

Yo fui el primero que sugirió para Rivera la "alternativa Borgen", la estupenda serie danesa en que un partido minoritario de centro es capaz de fraguar una alianza de Gobierno junto a los dos mayores y algún marginal. Pero la base de aquello era la percepción de que Birgitte no molestaba a los socialdemócratas ni a los conservadores, y podía aliarse con una extrema derecha que odiaba más a la derecha moderada que al centro-izquierda. Y en aquel momento, Rivera era visto con simpatía como "el mal menor", aceptable para los socialistas -por eso pudo acordar gobierno con Sánchez- y para un PP desnortado que conservaba muchos votos, pero sin horizonte.

Entonces sucedieron muchas cosas, todas nacidas del Golpe de Estado en Cataluña: la cobarde inhibición del PP, el súbito crecimiento de Vox como rechazo a Rajoy; la percepción de Rivera como el alter ego de la popularísima Inés Arrimadas… y la caída de Rajoy, Soraya y Cospedal. El mapa del centro-derecha se alteró sustancialmente, de dos partidos se pasó a tres… pero el discurso de Rivera no cambió.

Adiós a la hipótesis "Borgen"

Sin embargo, la posibilidad de una hegemonía de Ciudadanos sólo puede basarse ahora en sustituir al PP como líder de la Derecha -y con permiso de Vox- o al PSOE en el centro-izquierda. Esto último es muy improbable. Y lo primero, salvo terremoto, también. Rivera podría tras las elecciones tragarse su condena al "sanchismo", pero creo que no lo hará. Y que si "Borgen" fue posible en el pasado, en el futuro, antes veremos "El ala Oeste de la Casa Blanca" que "Los hombres en la sombra", que anticipó el milagro de Macron a partir del PSF y los poderes económicos. Reñido con el PSOE, enfrentado al PP y tratando como apestado a Vox, no sé de dónde puede sacar los votos que le permitan llegar a la Moncloa.

Hace dos años, podía llegar de rebote a la presidencia del Gobierno. Dentro de dos meses, no veo cómo puede siquiera mantener unos escaños que le permitan abjurar de todos sus dicterios contra el "sanchismo", que podría contar con la abstención del PP para no darle siquiera ocasión a Cs de aparecer como complemento presente y alternativa futura de Gobierno.

En fin, que si Iglesias quiere llegar al Gobierno ofreciendo el pago en cómodos plazos, Rivera pretende llegar a la Moncloa de rebote y en tres paredes, cuando ya no se juega al pádel del PP sino al frontón del PSOE. No sé cuál de los dos lo tiene peor.

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