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Federico Jiménez Losantos

La bombona y el monopolio-bombón

Federico Jiménez Losantos
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La sorprendente subida de 140 pesetas en la bombona del butano ha conseguido la unanimidad en el reproche, un verdadero plebiscito del cabreo nacional. Sin embargo, las razones por las que unos y otros critican a Alfonso Cortina son muy distintas. Unos, los consumidores, lo critican por una subida tan grande y tan de golpe, sin razones inmediatas en el precio del petróleo que lo justifiquen. Otros, los que sí entienden que la subida del petróleo aconsejaba la repercusión en los precios hace ya dos años, casualmente en la época electoral, reprochan a Cortina que por hacer un favor al Gobierno retrasando la subida le hiciera un flaquísimo favor a sus accionistas y, además, a los consumidores, de los que viven todos.

Ambos grupos tienen razón, pero hay una razón de fondo, una más, que explica hasta qué punto esta decisión de Repsol es el resultado de una serie de errores, faltas, disfunciones y calculos que no tienen nada que ver con la rentabilidad de una empresa ni con la lógica del mercado. En primer lugar, porque no hay mercado para el butano. Seguimos en el monopolio de toda la vida, corregido y aumentado por la "transversal" PSC-CiU y nunca realmente combatido, salvo de de boquilla, por el PP. Y ese monopolio, esos consumidores cautivos son los que han permitido que una empresa como Repsol, atractiva por lo valiosa y endeudada, trate de sanear la caja subiendo este año lo que no quiso subir el año pasado, pero no simplemente por ajustar los precios de la energía de origen al precio de venta, en cuyo caso hubiera subido antes y poco a poco, sino por blindar la situación de la compañía ante una posible opa que dejara a Cortina y sus consejeros en un confortable pero aburrido paro laboral.

Ante la necesidad para los directivos, no para la compañía ni para los accionistas, de conseguir dinero cuanto antes, lo fácil es sacarlo del bolsillo del indefenso consumidor. Lleva tiempo Repsol sin decidirse a vender participaciones como la de Enagás, que es obligatorio, pero ¿para qué, si no hay prisas, ni competencia, ni presión política, ni liberalización, ni nada? El subidón del butano es el resultado de la nula liberalización en un sector energético que disfruta de un monopolio absoluto. Ese es el origen de este atropello y el anuncio de que no será el último.

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