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Federico Jiménez Losantos

La cara de Mardones y la sombra de Rato

Federico Jiménez Losantos
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Es difícil encontrar un caso de irresponsabilidad política y descaro –por no decir desvergüenza– personal como el protagonizado por el presidente de la comisión Gescartera, Luis Mardones, culpando a los funcionarios de las Cortes por “haberle hecho firmar” algo tan sencillo como la petición de la declaración de Actividades de Rodrigo Rato. Mardones lleva suficientes años en la política –acaso demasiados– como para saber lo que firma y lo que no firma, lo que significa y lo que no significa un documento de ese género. Si no sabía lo que buscaba la Oposición preguntando por esa declaración del vicepresidente Económico, haberlo sabido. En todo caso, ha quedado mucho peor negándose a saber lo que previamente había preguntado. ¿Tan importante es que no quiere enterarse de lo que ha declarado Rato? ¿O es que le han dicho que no ha declarado nada?

Es una forma bien triste de terminar una carrera política en la que no había grandes cosas buenas pero tampoco malas. Para aceptar semejante pella de barro en el estribo, mucho tiene que temerle Luis Mardones al Gobierno. O que deberle. Pero aparte de quedar a la altura del betún, más tarde o más temprano sabremos lo que Mardones renuncia a saber después de haberlo pedido de su puño y letra. En rigor, debería ser Rato el que documentara e instruyera a la Comisión sobre cualquier extremo relativo a sus negocios y actividades personales. Si no lo hace y además arrastra a personajes como Mardones –e indirectamente al Parlamento– en su turbia inacción, el ciudadano común queda autorizado a pensar mal de Rato, todo lo mal que quiera. Y a fe que los rumores sobre Rato ya son mucho peores que todo lo que pueda saberse o suponerse por los registros documentales.

Después de no aclarar el “despiste” del director del HSBC, que a preguntas de la Comisión Gescartera sobre créditos concedidos a miembros del Gobierno o familiares de éstos “olvidó” asombrosamente el de quinientos millones concedido a los Rato, episodios como éste de Mardones muestran a un vicepresidente Económico cuya única forma de defensa política y personal en el caso Gescartera empieza ser el silencio adobado de trampas.

Poco ha durado la alegría de Galicia en el Gobierno. Como que hay pesadumbres que no prescriben sino con la dimisión. Por cierto, una salida muy apropiada para Luis Mardones después de este siniestro episodio.

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