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Federico Jiménez Losantos

La dictadura radiofónica en ciernes

Federico Jiménez Losantos
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La quiebra de Onda Cero en dos meses, porque eso y no otra cosa implica el anuncio de insolvencia de Uniprex tras el pavoroso laudo a favor de Blas Herrero, supone el fin del pluralismo real en la radio española, un medio de enorme calidad y de gran credibilidad en la formación de la opinión pública, que la prefiere a la televisión e incluso a la Prensa. Por eso tiene tanta importancia que la gran mayoría de las frecuencias de la radio comercial estén en manos de Polanco, que RNE pase a manos del PSOE y que, si cierra Onda Cero, sólo quede la COPE en una escandalosa desigualdad de condiciones no ya para competir, sino para compensar el poder omnímodo del Imperio. Por supuesto, la campaña para desestabilizar desde dentro la cadena de la Conferencia Episcopal ya ha comenzado, según un guión que por desgracia conocemos muy bien, no en balde lo hemos padecido ya con Antonio Herrero, con García y con Luis Herrero.
 
Polanco y el PSOE son íntimamente incompatibles con el pluralismo. Su vocación no es ganar lealmente a los competidores, ni siquiera deslealmente, sino exterminarlos. Cuando Antena 3 superó en audiencia a la SER, la compraron en una operación teledirigida por el Gobierno del PSOE y con el dinero de Banesto que Mario Conde prodigaba sin tasa, y procedieron inmediatamente a cerrarla. Muchos años después del antenicidio, el Tribunal Supremo dictaminó que era ilegal aquella concentración y ordenó devolver las emisoras. Por supuesto, la sentencia no se ha cumplido ni el Gobierno del PP se ha atrevido a imponerla. Y además les ha concedido el monopolio de la televisión de pago. Y además les ha legalizado la ilegal Localia. Acaso en justo castigo a su miserable proceder, han sido echados del Poder en un auténtico golpe político-informativo manipulando de una forma genuinamente totalitaria la masacre del 11-M. Pero lo que merece el Gobierno del PP no lo merece la media España que le apoya y que hasta ahora oía Onda Cero, la COPE o Radio Nacional. Oía: pretérito imperfecto. Porque, a este paso, no va a poder oír más que el hilo musical, que, por supuesto, también será de Polanco.
 
Lo esencial es que, si no la miserable clase política derechista, o sea, centrista, que se ha rendido incondicionalmente a Prisa, esa derecha sociológica que supone la mitad de la sociedad española comprenda la magnitud del envite, que pasa por entender la verdadera naturaleza del imperio polanquista. Y explicarlo es sencillo: no admiten ni siquiera una coartada o una oposición testimonial: quieren la destrucción de todo lo que no sea suyo y, además, no sean ellos. Ni admiten la pluralidad dentro ni fuera. Y, tras la quiebra de Onda Cero, les queda ya muy poco para conseguirlo. Si la COPE se rinde -e insisto en que la campaña de desestabilización, interior y exterior, ya ha comenzado- toda la derecha social española, esos nueve millones seiscientos mil votos que han respaldado al PP, pese a la campaña golpista de la SER y del PSOE manipulando la masacre del 11-M, se van a quedar sin ojos y sin oídos, sin una sola cadena de televisión generalista y sin una sola cadena de radio comercial que les ayude a mantener sus principios, a defender sus ideas y a defenderse como ciudadanos y contribuyentes del Gobierno del PSOE, cuya capacidad para el desastre y para el delito conocemos por triste experiencia. La dictadura radiofónica de Polanco es ya casi un hecho. Y encima, el dictador se queja. Síntoma inequívoco de que quiere rematar su atroz faena.

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