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Federico Jiménez Losantos

La rebelión institucional en Cataluña puede revolucionar las elecciones

El golpismo se llevó por delante al partido y al Gobierno de Rajoy. Y dado que Sánchez sigue el mismo camino, será lógico que corra la misma suerte.

Federico Jiménez Losantos
El golpismo se llevó por delante al partido y al Gobierno de Rajoy. Y dado que Sánchez sigue el mismo camino, será lógico que corra la misma suerte.

Todo lo que pasa en España desde hace años es fruto podrido de lo más podrido de la política nacional, que es la complicidad de los gobiernos de Madrid con el nacionalismo-separatismo-golpismo catalán, que todo es uno y lo mismo desde hace casi cuarenta años, cuando Pujol se hizo con el Poder en Cataluña y con los escaños suficientes para someter al PP y al PSOE a sus planes. Algo que ni sociatas ni peperos han lamentado jamás.

En los últimos cuatro años, el golpismo catalán se ha llevado por delante al partido y luego al Gobierno de Rajoy. Y dado que Sánchez sigue exactamente el mismo camino, sería lógico que corriera la misma suerte en las urnas del 10 de Noviembre. Algunos dicen que, dada la acreditada falta de escrúpulos del Greto del PSOE, podría aplicar un 155 que no fuera sólo el anuncio como con Rajoy, apoyado en su inacción por Rivera y el propio Sánchez, sino de verdad, con todas las consecuencias. ¿Sánchez oportunista y heroico? Lo dudo muchísimo.

El parlamento catalán vitorea a los terroristas

Sobre todo, tras ver la abyecta actuación de Iceta ofreciendo apoyo a Torra si se porta mejor o disimula un poco, en el aquelarre golpista del Parlamento catalán, cuya mayoría asnal -el burro es el símbolo del separatismo- proclamó a gritos y con Torra a la cabeza su apoyo a los terroristas encarcelados por la Audiencia Nacional cuando preparaban, con abundancia de explosivos, una cadena de atentados por el 1-O y la sentencia del Golpe. Nunca en el Parlamento Vasco se levantaron nacionalistas y comunistas a apoyar a los etarras. Sólo el partido de la ETA. Y a los cedarras los han jaleado Torra, ERC, JxCat y la CUP, con la abstención cómplice de los Comuns de Asséns, un separatista que parece más de la CUP que de ERC. La diferencia prueba que el nacionalismo mal llamado "moderado" está más radicalizado que el PNV, EA, Madrazo y demás cómplices de la ETA. Y que el nuevo terrorismo catalán cuenta con absoluto apoyo institucional.

Es evidente el paralelismo con las jornadas de desconexión del 5 y 6 de septiembre (incluido el aviso de los letrados) que precedieron al Golpe callejero, con el referéndum permitido por Rajoy y la proclamación de la República por 64 parlamentarios durante unos minutos -los suficientes en cualquier país serio sin pena de muerte para pasar veinte años en la cárcel-. Pero esta vez es aún más grave, porque se trata de una rebelión previa a la posible condena por rebelión -cuando la vea me la creeré- de los golpistas de 2017. Con el aderezo esencial del terrorismo como parte legítima de ese Golpe que Rajoy no quiso desactivar y Sánchez ha querido reactivar para que los separatistas lo apoyen en su estadía monclovita, que anhela eterna. Veremos si no se lo lleva por delante, por cobarde, como al propio Rajoy.

Celáa, Marlaska y un Gobierno desnortado

El calendario de rebelión institucional de la Generalidad y su banda en Cataluña se ha visto alterado por la acción de la Audiencia Nacional y la Guardia Civil a espaldas del Gobierno, que, como se ha visto en la reacción de Sánchez, Marlaska y Celáa, no es que hubiera perpetrado otro faisán, sino que lo ha echado de menos. Marlaska no ha dudado en corear a Torra y Torrent atacando a la AN, a la que perteneció cuando parecía juez. Celáa ha calificado de "declaraciones" los vítores al terrorismo, como si el Supremo no fuera a juzgar una "declaración", la de la República Catalana. Y el Gobierno en general, con Sánchez falconeando por Nueva York, ha dado la sensación de estar absolutamente superado por los acontecimientos.

Han coincidido dos circunstancias para esta especie de colapso en la habitualmente arrolladora presión publicitaria del Gobierno. La más grave es que le salgan vitoreando a la ETA catalana todos sus socios de Moción, pero la que realmente les ha afectado es la evolución de las encuestas, que empieza a ser, sencillamente, calamitosa. Por resumir, el PSOE ya no sube sino que hasta baja en escaños, Podemos se ha roto pero debilitar a Iglesias no refuerza a Sánchez, aunque drene la abstención de izquierdas; el PP sube, Vox se mantiene, y lo único positivo es el desplome de Ciudadanos. Pero, el PSOE no podría formar gobierno ni siquiera juntando a Podemos, Errejonemos y el PNV. Necesita a ERC, que a la hora de la verdad siempre se pliega a Cocomocho y Torra, con los cedarras como fuerza de choque.

La abstención de la derecha puede frenarse

Si el hecho de no formar Gobierno PSOE y Podemos alentaba una gran abstención de izquierdas -que se frena fletando el partido de Errejón- la abstención de las derechas, desanimadas por la falta de cualquier acuerdo electoral, puede convertirse en movilización ante el golpismo catalán, que es algo que solivianta al votante derechista más que los pactos de partidos. Vox se ha blindado, creo yo, quedándose solos en la defensa de la tumba de Franco. Casado ha dado una asombrosa voltereta y ha vuelto al discurso de Rajoy, asumido ahora por Sánchez: veremos si esas "declaraciones" son tan graves y en su momento se verá si se aplica el 155, que ahora no está claro. Así que Ciudadanos tiene la posibilidad de salir de la fosa que cavó Rivera.

Lo único sobre lo que no se puede decir que Rivera no haya insistido hasta la extenuación en las dos sesiones de investidura frustradas ha sido en la necesidad de aplicar ya, pero ya, el 155 en Cataluña. Y lo que parecía prematuro o aventurado, porque Junqueras y los presos andaban indecisos antes de la sentencia, de pronto se ha convertido en el principal argumento electoral. Porque ya no se trata de la estabilidad del Gobierno sino de la continuidad nacional. Y el votante de Ciudadanos, que es siempre el que más duda antes de votar y por eso el que menos se clarea en las encuestas, se puede movilizar, olvidando los dislates, ausencias y caprichos de Rivera, ante un factor que, como a los que votaban al PP y votan a Vox, les saca de quicio y de casa: el golpismo catalán y la inacción del Gobierno de España. Si se añade la gallarda actuación de Carrizosa -ah, si fuera el candidato- la vuelta del voto naranja decepcionado puede ser algo más que una hipótesis.

La resurrección de Rivera

Esa cobardía, esa pasividad, ese recurso al recursito a los tribunales que patentó Rajoy y la brigada Aranzadi de Soraya, y que está siguiendo al pie de la letra Sánchez, es lo que, tras la deserción de voto por la izquierda, que se fue a Cs, llevó a la salida del voto del PP por la derecha, hacia Vox. Cuando pareció que Rajoy iba a aplicar el 155 en letra y espíritu, acabando con las instituciones golpistas, de TV3 a la Generalidad, el PP subió una barbaridad. Cuando se vio que huía convocando nuevas elecciones y sin tocar el poder golpista, se hundió. Y Vox pasó de 40.000 votos a 2.700.000. Tal vez, casi seguro, podría haber subido, pero no esa barbaridad en un año.

Si el PP rebla, vuelve al sorayismo y se pega al Gobierno del PSOE, deja a Vox campo libre para asentarse; y a Ciudadanos, para recuperarse. El factor nuevo es que la movilización de la derecha contra el golpismo favorece a Cs, Vox y PP; y perjudica a las izquierdas, sobre todo al PSOE. Y tanto la participación como la resurrección del centro nacional español puede poner patas arribas todos los cálculos que llevaron a la repetición electoral. Cuando peor se porten los golpistas catalanes, mejor le irá a Rivera, que es lo peor que le puede pasar a Sánchez. Hete aquí como el Mal, sin pretenderlo, por su propia maligna naturaleza, puede ayudar al Bien, aunque no pase de regular.

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