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Federico Jiménez Losantos

La recalificación de Simancas

Federico Jiménez Losantos
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Parecía un recurso ingenioso en el debate dialéctico sobre la crisis de Madrid pero está resultando profético: acercarse el PSOE al Poder y estallar los casos de corrupción es todo uno. O sigue siendo, porque acaso lo peor del “Caso Tamayo” es que parece la primera de un puñado de cerezas, que arrastra a otra, y a otra, y a otra, y a otra. Y, a su vez, cada episodio maloliente nos remite al pasado, porque están presentes los mismos personajes de hace quince años, nos hunde en el presente, porque no han cambiado de costumbres y nos hace temer el futuro, porque el PSOE sigue mostrándose incompatible con el Código Penal. Si alguien hubiera imaginado un mecanismo para poner al descubierto las taras de la izquierda española, especialmente en Madrid, nunca se habría atrevido a soñar con una tal vivisección de sus vicios o escaparate de sus taras. Aún es pronto para saber lo que dará de sí esto que algunos llaman ya “Caso Simancas”, pero a este paso el PSOE va a tener que hacer sus listas en las Páginas Amarillas. Por Ferraz, ni acercarse. Y menos aún por la FSM, sita en la Avenida de los Toreros, donde la cornada está asegurada.

Y es que la crisis en la Asamblea de Madrid está convirtiéndose en la autopsia político-financiera del tinglado sociata en la capital de España. Y tras la espantada de Tamayo y Sáez empiezan a aparecer algunos monstruos de tamaño descomunal, como ese proyecto de las 50.000 viviendas de protección oficial adjudicadas por Simancas sin mediar concurso público a una especie de sindicato de intermediarios y comisionistas, llamado Agecovi, cuya ideología izquierdista quedó de manifiesto en el papelito firmado con Simancas y en el que se atacaba a la derecha, costumbre desconocida en los constructores y promotores inmobliarios de verdad, que se deben al apoliticismo por tener que lidiar con ayuntamientos zurdos, diestros y ambidextros. Pero en Agecovi estaba ni más ni menos el “Señor Porta”, Enrique Benedicto Mamblona, el “militante anónimo” que denunció a Tamayo ante Blanco por supuestos pecados contra la ética en materia política. En esa materia, los “mamblonas” deben de ser auténticos catedráticos. Y es verosímil, aunque como en el caso de los supuestos agentes corruptores del PP no exista ninguna prueba, que si los “balbases” quedaron fuera de un pastel de 100.000 millones de antiguas pesetas, su reacción haya sido proporcionada a la cuantía del daño, que es inmenso. En todo caso, es algo que debería explicar Simancas. E incluso, para evitar su frustración, fiscalizar Villarejo. En familia, en cuadrilla o en masa. A elegir.

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