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Federico Jiménez Losantos

La rendición de Yuste y la abdicación de Casado

Casado podría hacer el discurso de Ayuso contra la Izquierda en bloque, salvando a Vox, pero la rendición de Yuste no es la de Breda.

Federico Jiménez Losantos
Casado podría hacer el discurso de Ayuso contra la Izquierda en bloque, salvando a Vox, pero la rendición de Yuste no es la de Breda.
Pedro Sánchez saluda a Pablo Casado a su llegada al Monasterio de Yuste. | EFE

Si lo que quería el PP era solemnizar su rendición ante el PSOE de Sánchez, que, como demostró ayer Felipe González honrando la definición que de él hizo Ferlosio, "gatazo tontiastuto y castrado", no hay otro, eligió bien el marco. En el Monasterio de Yuste quiso enterrar su ambición terrenal el emperador Carlos V y prepararse para bien morir. Pero antes se había coronado rey de España, de las Indias y emperador de Alemania. Y para administrar el inmenso imperio tenía un gran sucesor, su hijo Felipe II. Casado abdica de su ambición como presidente del Gobierno enterrando a Sánchez, pero ni ha enterrado a Sánchez, ni ha sido presidente ni está claro que jubilándose tan joven vayan a buscarlo, como a Ramiro II "El Monje".

El Emperador, avejentado y con mala salud, hija de sus excesos, lo había logrado todo. Le quedaba un buen final para esmaltar la leyenda. Y qué mejor que un rincón de Extremadura para que el vencedor de Mülberg, inmortalizado por Tiziano, se mandase enterrar, con la cabeza bajo los pies del cura que -mármol mediante- celebrara infinitas misas por su alma.

Lo malo es que no murió de inmediato, se aburrió de rezar, llegaron piadosas consoladoras, proliferaron las casas de muñecas o mancebías en torno al monasterio, y el César se bebía cinco botellas de vino diarias y un número indeterminado de jarras de cerveza, ora agudizando, ora queriendo olvidar los dolores justicieros de la gota, mientras se eternizaba el tránsito. Al final, unos mosquitos de la alberca a la que daban sus habitaciones le provocaron unas fiebres que se lo llevaron para siempre del teatro de sus glorias. Pero tras entregar a Sánchez lo que dijo que nunca le entregaría, la Justicia, ¿de qué gloria se aleja Casado, si aún no ha conseguido ninguna?

La soldadesca bipartidista

Si la teatralización de su piadosa muerte le falló al Emperador a los tres meses, la de su rendición ante el PSOE le ha durado a Casado apenas una semana. Bolaños y García Egea representaron lo mejor que pudieron la Soldadesca de Bartolomé Torres Naharro, que murió cuando llegó a España el finado en Yuste. La obra empieza así:

"Dios mantenga y remantenga,

mía fe, a cuantos aquí estáis,

y tanto pracer os venga

como cro que deseáis"

Lo de mantener y remantener está claro, sobre todo, el remantener. PP y PSOE remantienen el "obsceno espectáculo de unos políticos que nombran a los jueces que pueden juzgar a esos políticos", como dijo Gallardón, ministro de Justicia, al anunciar el fin de la politización del CGPJ. A los pocos meses, Rajoy le dijo que olvidara tan noble promesa en Cortes y él se cuidó de incurrir en la tentación de ennoblecerse dimitiendo.

Que Casado había decidido hacerse el Rajoy, es decir, hacerse el muerto, para heredar sin esfuerzo la Moncloa, como Mariano a ZP, ya lo sabíamos. Que muriese de mentira teniendo al lado un heredero de verdad, Abascal, es lo que nos ha sorprendido. Lo ha explicado Cristina Losada en LD: las circunstancias no son las mismas, porque hace diez años, cuando el PP heredó al PSOE, no podía haber otro en el testamento; ahora, sí: es Vox.

El pacto PP-PSOE, deja campo libre a Abascal, que rentabilizará la oposición única a las atrocidades de Sánchez y sus socios. Pero lo bueno para Vox, si no exagera y se automargina, es letal para España y para la alternativa al proyecto social-comunista. El PP saciará su eterna sed de centro y el PSOE dirá que el extremo centro pacta con la extrema derecha, porque son lo mismo, véase Ayuso. Y como el pacto PP-PSOE es sólo una fantasía andaluza, a ver quién lo niega. Casado podría hacer el discurso de Ayuso contra la Izquierda en bloque, salvando a Vox, pero la rendición de Yuste no es la de Breda. No hay reconocimiento, sólo resentimiento. En rigor, ¿contra quién pactan Sánchez y Casado? Contra Vox... y contra Ayuso.

El César Casado no llegará a Yuste

Ya comentamos que el fervorín de Valencia, donde el único que no apareció es el que más lo necesita, Carlos Mazón, era sobre todo un acto de negación del ayusismo, de la estrategia de enfrentarse al PSOE sin cuartel. Y, salvo que los hechos demuestren lo contrario, lo que hace ahora Casado es singularizarse con el PSOE y contra lo más destacado de la derecha, que como partido es Vox y como figura, Ayuso. Si fuera una estrategia interna, sería errada: la base electoral del PP -otra cosa son los profesionales del remantenimiento- no quiere pactar con el PSOE y contra Vox, sino con Vox y contra Sánchez. Pero lo que Casado ha firmado con Sánchez sobre el cadáver de la independencia judicial es un pacto de no agresión para atacar él abiertamente, con las espaldas mediáticas cubiertas, a Vox y a Ayuso. Como Caesar Imperator no llegará a Yuste. Pero Teodoro le hará un entierro muy aseado. De cercanías.

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