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Federico Jiménez Losantos

La servidumbre voluntaria

Federico Jiménez Losantos
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Durante muchos años, la diferencia entre las mujeres que se dedicaban a la política en el ámbito del PP y en el ámbito de la izquierda es que unas apelaban al mérito individual y a la valía profesional y otras se refugiaban en la “cuota femenina” y los “valores de la izquierda”, reducibles básicamente a uno: el tribalismo sectario vendido como tolerancia universal. Esa diferencia ya no existe. La visita de Jatamí, habrá tenido el dudoso mérito de permitirnos constatar que la única diferencia entre las profesionales políticas de la derecha y de la izquierda es la flexibilidad de su espinazo para obedecer lo que el partido mande. Que puede ser una cosa el martes y la contraria el miércoles. A ellos, tanto les da. Y a ellas, exactamente lo mismo. Hemos alcanzado la igualdad… en la indignidad.

Lo malo no es la esclavitud sino el hecho de conocer su repugnante naturaleza y no combatirla. Lo malo no es el crimen sino aceptarlo como algo natural y tratar de congraciarse con los criminales, para impetrar su protección y soñar con la inmunidad. Lo malo no es la servidumbre sino aceptarla voluntariamente y defenderla como libertad. Lo malo, con ser horrendo, no es la discriminación que el Islam impone a las mujeres sino que haya mujeres que no la padecen, porque no han nacido a la ominosa sombra del Corán, y que pidan respeto no para las víctimas sino para los verdugos. Hay que dar la enhorabuena a esta Sección Femenina del aznarismo: han logrado resultar no sólo obedientes sino ejemplares en este “giro al centro”… de la nada, emprendido por el PP. De la nada más siniestra, además.

Ya vendrán las urnas. Por ventura, no están lejos. Allí, a estas amazonas del respeto al crimen las va a votar… Jatamí.

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