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Federico Jiménez Losantos

La última de Bacigalupo

Federico Jiménez Losantos
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Enrique Bacigalupo, argentino comprometido con el peronismo violento de la Administración Cámpora y español de carrera gracias al corporativismo de la izquierda judicial, hombre dizque brillante, salvo cuando se explica en ABC, ha sido el cuerpo y el alma de la sentencia de muerte profesional y civil dictada por el Supremo contra el juez Liaño, para satisfacción del hombre más rico y poderoso de España, don Jesús de Polanco. Por cierto, que el Imperio prisaico sigue utilizando su inmenso poder mediático para machacar al hombre que una vez se atrevió a creer que España podía ser un Estado de Derecho y Polanco un ciudadano más. Bacigalupo se ha encargado de sacarle de su error. Pero no debe tenerlas todas consigo el polanquismo cuando tanto y tan exageradamente aporrea el bombo. Saben que están en pecado y, por supuesto, temen estar en delito.

A estas alturas, y después de su pasmosa rebelión contra el indulto del Gobierno, el Supremo en bloque ha sido arrastrado por la audacia del argentino y la prepotencia del cántabro. Así que vamos a ver si el interesado --no Polanco, sino Bacigalupo-- nos explica (con más precisión que este domingo en "El País") por qué razón cita con fechas falsas unas sentencias del XIX y si eso tiene que ver, como muchos malician, con el hecho de que utilice de forma torticera esa jurisprudencia, como dice abiertamente el abogado del Estado.

Según Martín Miñarro, el Supremo, o sea, Bacigalupo, ha interpretado en contra de Liaño y del Gobierno unas sentencias de las que se desprende exactamente lo contrario: que el Gobierno tiene razón. Ya sabemos que con Liaño no reza lo de "in dubio pro reo", pero , sinceramente, no creemos que una sentencia, menos aún tres o cuatro, pueda respaldar una posición y la contraria y, a la vez, estar tan clara como para justificar nada menos que el conflicto del Supremo contra el Gobierno. Da la impresión de que estamos sólo ante la última de Bacigalupo, una picardía ventajista de las suyas, en esta epopeya de la prevaricación. O se explica mejor, con los textos delante, o tendremos que pensar... lo que hemos pensado siempre. Que se explique si puede, aunque sea en el "ABC".

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