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Federico Jiménez Losantos

La vergüenza de la Benemérita

Si Bono es la mitad de patriota que presume ser, hoy mismo debería aceptar la dimisión irrevocable de Laguna y de Aldea o proceder a su destitución

Federico Jiménez Losantos
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Tras las espectaculares revelaciones de El Mundo (que continuarán) es un acto de higiene democrática pedir que sean apartados de su cargo los jefes de la Guardia Civil que pudieron impedir la masacre y no lo hicieron y los que han impedido hasta ahora la investigación del mayor atentado de la historia de España. Es de sentido común la petición que hizo ayer la AUGC en ese sentido, porque el neogeneral zapaterista o bonista Laguna y su segundo Aldea mintieron descaradamente, o, peor aún, ocultaron la verdad al Parlamento sobre lo que sabían de la Banda de Avilés, de los Toro, Trashorras y sus jefes que –no se olvide– fueron los suministradores de explosivos para la masacre del 11-M. Es intolerable que gente de uniforme que se ha burlado de la soberanía nacional en las Cortes y que está burlándose de casi doscientas personas asesinadas siga en sus cargos.
 
También es una vergüenza para los mandos de la Guardia Civil que hayan tenido que ser guardias de a pie, lo que antaño llamaban números, los que estén salvando el honor de la Benemérita. Y es un bochorno que la reunión ayer de la comandancia de Gijón se haya saldado con un apagón informativo tras el que no resulta difícil adivinar la caza de brujas. Pero de las brujas buenas, porque a las malas las ascienden, o ellas quieren ascender. Es todo escandaloso, como en tiempos de Roldán, con la diferencia de que aquello era robar y esto es matar, asesinar a cientos de españoles para cambiar el resultado de las elecciones. Golpismo, se llamaba antaño esa figura.
 
Todos esos oficiales tan marciales que se movilizaron discretamente en favor de Galindo, ¿por qué no se movilizan en favor de España, de la Guardia Civil y de la decencia nacional, que incluye la persecución y castigo de los criminales y no una “omertá” que les permita ascender a costa de ocultar una masacre y un cambio traumático de Gobierno? Si Bono es la mitad de patriota que presume ser, hoy mismo debería aceptar la dimisión irrevocable de Laguna y de Aldea o proceder a su destitución. Y, por supuesto, debería rendir homenaje a esos guardias que, contra la doblez de algunos de sus superiores, están salvando el buen nombre de la Guardia Civil. Si el Duque de Ahumada levantara la cabeza trataría de arrestar a los que hoy arrastran por el fango la institución que él creó. Lo hizo para combatir a los bandidos, no para protegerlos e incluso suplantarlos. Ni las decenas de miles de guardias honrados ni los millones de españoles que les pagamos el sueldo y agradecemos su sacrificio merecemos el secuestro desde arriba de una institución en la que sólo cabe el orgullo o el bochorno. Y está bien claro qué se impone hoy.

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